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Que rico es ver llover y no mojarse. Acaba de granizar y desde la ventana del séptimo piso del Penthouse me pongo nostálgica. Estoy a punto de cambiarme de casa, dejaré a los aficionados del cruz azul por las manifestaciones, a los toros por los toreros y una vista del baño del vecino por una de la torre latino. Ayer entré en pánico porque me falta harto por empacar. En verdad no sé como pude acumular tanta porquería en dos años. Además tenía el cuarto de los tiliches a reventar. Hay cosas que no se ni por qué llegaron ahí. Lo que más tengo, hace bulto y pesa son libros y revistas. Mi mamá dice que guardo pura basura pero no me puedo deshacer de mis recuerditos tan fácilmente. Desde el boleto del concierto, hasta el papelito con la frase sexy, postales, cuadernos con notas y bocetos, etc.

En el edificio que viví durante dos años eramos nueve departamentos, ocupados por solteros y parejas. Nadie se metía con nadie. Los desmadres eran muuuuy ocasionales y había tal silencio que a veces se escuchaban los gritos de satisfacción de la vecina del edificio de enfrente. Por lo que me dicen el primer cuadro de la ciudad es sumamente ruidoso y caótico pero con un chingo de pulso. Eso me gusta pero me asusta como diría Ana Bárbara. Hay mendigos, ambulantes, paristas, políticos, artistas, banqueros y comerciantes conviviendo en el mismo espacio. Un mosaico muy interesante. Lo único realmente jodón y engorroso es ir a los bancos, tiendas departamentales y toda aquella institución que tenga tu dirección anterior… de hueva absoluta. Ni modo.