Hoy me despertaron las campanadas de la torre latino y el sol que entra directo por la ventana de mi nueva recamara. Ayer dejé la Nácoles, después de dos años de vivir con los juniors. La mudanza la hice en la noche, porque aparte de que no se puede uno estacionar durante el día porque te ponen el candado, los polis quieren pa’ su chesco. También pedí el día en el trabajo para realizarla con toda calma. Me faltaba un montón por guardar y salieron cajas y cajas de libros, periódicos y revistas. Lo único malo es que casi no dormí porque un mosco me dio la bienvenida.

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