Sephora es el paraiso terrenal. Es una tienda repleta de cositas hermosas para embellecer. Desde un delineador de ojos hasta un tratamiento completo para la celulitis pasando por los perfumes, sombras, tratamientos para el cabello, etc. Normalmente yo entro a las tiendas con una actitud de solo milal como el chinito. Generalmente salgo con la manos vacias.

Desde que una entra a Sephora sabes que has entrado a una zona peligrosa. Te sabes vulnerable.Desde el inicio se te aparece un fulianit@ te saluda y te pregunta que si todo esta bien y que si necesitas ayuda el o ella te la proporciona. Vamos hasta ahi todo bien. Nada que cualquier otra tienda no haga.

En este templo de la belleza puedes entrar con la cara lavada y salir completamente maquillada y perfumada. Puedes probar todo, ponerte todo y no tienes a nadie atras con cara de averaquehoracompras. Cuando ya estas completamente invadida por el deseo de verte hermosa, llega un dependiente y te pone una canasta de compra en la mano. Asi sin avisar y ni siquiera te da tiempo de reaccionar y decirle que no. Chale. Que poca madre. Ahora te invade un sentimiento de compra absoluto. Llegan los empleados y te atienden, te recomiendan y te consienten. Es ahi cuando te sientes culpable por solo llevar un delineador al mostrador. Al final acabas con la canastita retacada con un monton de cositas que “necesitabas desde hace tiempo” y con unas muestras de tu perfume favorito gratis.