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En chilangotropic no existen las estaciones, ni siquiera las del tren. Solo hace calor y llueve. La llegada del otoño es tan insignificante que ni siquiera vemos las hojas de los arboles caer. Cuando ya estan en el piso se confunden con los kilos de basura. Hacemos coraje porque tapan las coladeras que provocan inundaciones y como consecuencia, un trafico infernal. No notamos el otoño porque de diez arboles uno se queda pseudo pelon y los otros verdes y pachones.

En Paris se nota tanto el cambio de las estaciones y en especial el otoño porque los arboles se quedan encueraditos, se les ven sus ramonas. Las hojas cambian de color a rojo quemado, amarillo limon, cafe en todas las gamas y las calles estan repletas de hojas crujientes. Un sentimiento destructor me invade porque me de ganas de patear las montañas de hojas, que con harto trabajo los jardineros parisinos lograron recolectarlas y armar una torre perfecta. Aun asi jodida la cosa dan ganas de echarse un clavado. Me he conformado con pisarlas. Un espectaculo maravilloso de la naturaleza.