Siempre he pensado que los ambulantes son una plaga. No recuerdo cuando fue la primera vez que entraron en mi memoria, sólo sé me causaban mucha molestia. Ir al centro era sinónimo de adentrarse en los rincones para encontrar algo sin buscar. Cuando llegaron los “agachese” como les dicen los colombianos, ya nada fue igual. El centro se volvió mugroso, ruidoso y peligroso. En los noventa la fayuca era la opción porque encontrabas cosas que en las tiendas departamentales no había, y encima de todo mucho más barato. Me confieso culpable de haber comprado mis primeros converse afuera del metro san cosme. Obviamente fue opción para muchos inclusive era fuente de empleo para quien no tenía uno.
Hoy los ambulantes ya no venden más barato que las tiendas, es más venden al mismo precio y no existe la garantía ni los meses sin intereses. Lugar que pisan lugar que destruyen y se adueñan. Pobresito del incauto que le parezca una monada y quiera tomarles una foto. Según el sapo es la pedrada. A mi siempre me dan las cosas tres pesos más caras que a la ñora que preguntó después. ¿Ventaja? pues quizá que compras cosas que no te urgen pero que de repente parecen una necesidad. Desde una regla de aluminio pasando por un estuche de CDs hasta calcetines y bolsas LV.
Ahora los quieren reubicar… ajá! si como no, ¿y su nieve de limón?. Yo digo que ya no se van. A menos de que llegue el ingeniero con todo su cash y haga tratos con la Barrios y ¡listo! Yo hasta no ver no creer.




