Mientras esperaba en el andén me acomodaba los audífonos del celular y encendía la radio. Pensaba que no hay cosa más tediosa que el largo camino a casa de pie en un metrobus atascado. Para colmo de males tiendo a enojarme y volverme una rucamargadisima porque hay hombres que insisten en pasarse del lado de “sólo mujeres y niños”. Hoy llegué con ganas de partirle la cara a los intrusos así que hice el combo bolsa grande-codazo-empujón-pisotón pero no se movían ni un milimetro.

Decidí que hoy no era el día para cambiar el mundo y giré para quedar junto a la puerta. Tenía más espacio pero seguía de pie con unos zapatos divinos pero a estas alturas muy incómodos. Ya no hay caballeros, pensaba. No supe en que estación pero un chico alto se subió y trataba de agarrarse de donde podía en las alturas. Primero me quedó de frente y alcanzaba a ver sus pelitos en pecho. En un inicio no le puse atención pero no me desagradó su presencia. Claro, tomando en cuenta que los hombres que estaban en la sección femenina eran candidatos a la pensión de adultos mayores. Por lo reducido del espacio fue girando para acomodarse hasta quedar a mis espaldas.

No alcanzaba a ver su cara completa en el reflejo del vidrio porque el letrero de “no se recargue en la puerta” lo ocultaba. Sin embargo yo veía claramente sus labios delgados y rositas junto con su nariz larga y afilada. Comencé a sentir el calor de su cuerpo en mi espalda y algo que comenzaba a ponerse mucho más calientito que el resto del cuerpo y que cambiaba de posición. El bochorno aumentaba y el espacio se iba liberando pero cada vez estaba más pegado a mí. Yo no me moví ni un grado. Me quedé quietesita sintiendo la evolución de una erección en mis nalgas mientras tanto trataba de ver su rostro reflejado en el vidrio y si él también buscaba el mío. Su perfil era magnífico. Estoy segura que las señoras de al lado se estaban dando color de la situación y les daba harta envidia. En verdad me gustaba sentir su calor y simplemente mojé chon pues llevé la fantasía al grado de que quizá en algún momento sin decir nada me iba a besar o agarrar un chichi. Ya tengo guión para una peli porno.

Mi destino final estaba a una estación. El y yo estabamos cada vez más apretados. Cuando se abrieron las puertas salí corriendo. No quisé voltear. Atravesé la calle sintiendo frío en mi espalda y aún más en mi nalga derecha. No nos dijimos ni una sola palabra, ni siquiera intentó establecer otro tipo de comunicación pero me provocó una sonrisa en el corazón.