Hoy estuvo a punto de ver morir a un hombre. Es cuestión de segundos cuando te das cuenta de que ya fue. “Un día vas a atropellar a alguien” le grite a un taxista que se pasó el alto. Estaba esperando a que se pusiera el alto en Eje Central, cuando del otro lado un jojomless con una cobija enorme no se espero y decidió que era momento de atravesar. Mi reacción fue voltear hacia donde se acercaban a toda velocidad los coches. El sinhogar con cobija avanzó a paso firme, sin voltear y sin detenerse. No podía creerlo, era un verdadero kamikaze. Llegó el primer enfrenón rápidamente otro logró torearlo pero el momento cumbre llegó. Ahora sí supe que esta mañana sería su último amanecer.

Un auto se frenó y luego otro atrás y un último, en lo que yo pensé iba a ser una gran carambola. El conductor del auto que quedó a tan sólo unos centímetros del cuerpesito mugroso del suicida, comenzó agitar el brazo como en un intento de mentarle la madre al peaton pelosnecios. El joven carasucia replicó con una fuerte dosis de ira. Segundos después se puso el alto y el jojomless terminó de atravesar una de las avenidas más anchas que tiene el DF. Creo que me quedé en un estado de shock. Me cercioré de que todos los autos estuvieran en alto total para poder atravesar, sin embargo los que habíamos presenciado la hazaña del “indigente suicida” teníamos la quijada en el suelo. Cuando pisé la acera del otro lado tenía el corazón a mil por hora y una extraña sensación. No me lo he podido quitar de la mente.