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Viernes 4 pm. Cantina frecuentada por oficinistas. Lista de espera como de cinco mesas.

Yo: Pensé que ahora con la ley antitabaco estaría vacía la cantina.
Colega: Puede más el alcohol que el cigarro.

Esta semana comprobé los beneficios de la ley antitabaco. Adoro ir a los restaurantes/bares/cantinas y no salir con ojos vidriosos, una flema en la garganta y apestando a cenicero. El Covadonga que normalmente se atasca en juevebes estaba muy tranquilo. Y sí, ahora el tema de converasación es el cigarro. Los adictos a la nicotina se turnan para salir a fumarse el tabiro. Dicen que es triste salir solito a echar humo y acabarse en tres bocanadas el chubi. Sin embargo reconocen que cuando por fin salen ensuciarse los pulmones les sabe glorioso. El Barney’s estaba vacío pero aún queda en el aire el olor a cenicero. Pobres de los lugares que no tengan terraza o muy cerca la calle. Se les augura una muerte lenta y agonizanda.

¿Besarían a alguien que fuma aún cuando ustedes no fumen? ¿Es rico un beso con sabor a humo? ¿Es el cigarro un factor determinante para iniciar o dejar una relación?

Por cierto, Úrusula, la bartender, hace unos Cosmopolitans de miedo y tiene unas cicatrices muy extrañas en el pecho. La foto fue tomada en el Barney’s.