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Una luz naranja fosforiloca en lo más alto de la torre latino llama todas la noches mi atención. Estaba segura que proviene del nuevo restaurante en el piso 41 de la torre latino. Ayer fui. El restaurante es minimalista hasta en la carta pero no en los precios. Los salpimienteros son cuadrados y las orquideas de plástico pero la vista es i-m-p-r-e-s-i-o-n-a-n-t-e, sientes que estás suspendido en el espacio. No hay nada que estorbe la vista más que la contaminación. La Carlsburg está al 2×1 y la créme brulée es una joya de la gastronomía.

Lo que simplemente es exótico es el baño. El retrete está junto a un gran ventanal al igual que los lavabos. Extraño e indescriptible. Lo que me lleva a pensar si habrá un sinoficio que tenga binoculares y espere el chou. Tienen que ir a verlo y echarse un cosmopolitan en las alturas con vista a Garibaldi y sacarlo viendo el cine Teresa. M-a-r-a-v-i-l-l-o-s-o.