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Ir al desfile militar del 16 de septiembre era una de las cosas que me provocaba maripositas en el estómago cuando era una mocosa. La desmadrugada, el guacal y los soldaditos me emocionaban muchísimo pero sobre todo, el periscopio cartoné que te permitía ver hasta el infinito y más allá por encima de todas las cabezotas y a pesar de la estatura. Mi fascinación provenía por lo complejo del objeto. ¿Cómo una cosa de cartón retráctil y con un par de espejitos podía saltar todos los obstáculos visuales?

Ayer disfruté tanto del mar de periscopios cartoné multicolor diadiezpesitó y ver a la gente disfrazada de bolsas de basura. Un alucine visual. Creo que los organizadores del concierto ALAS esperaban mucho más gente de la que llegó, a decir del cierre de calles y despliegue policiaco que se aventaron y la estructura que dejaron a medio poner. Eso sí, se oía y veía bastante bien. Muchas familias, parejitas y extranjeros disfrutaron de una tarde húmeda que amenazaba con ponerse aguada pero que se apiadó de los curiosos.

Amé ver a Ricky Martin (que sabroso está el muchacho). El palomazo de Alex Syntek con Ana Torroja. Las pendejadas que decían los de Telehit. Los tigres del norte con Lucero y que desde mi balcón se escuchara el concierto. Por cierto no me gustó para nada el look que se cargaba Chayanne porque parecía que llevaba días sin bañarse. Ahora que lo pienso desperdicié una oportunidad maravillosa… poner una manta en el Zócalo con un mensaje para el Monsieur Slim que hizo el honor de visitarnos. “No más Sanborns. Queremos un Superama en el centro”. Merci.