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Si hablara el hemiciclo de mármol nos contaría muchas historias tantas que quizá moriríamos de la aburrición. Por lo menos se quejaría severamente por la fetidez que expulsan las coladeras de la alameda. Ha visto caer y levantar un par de edificios frente a él. A lo mejor ya debe de estar cansado de estar rodeado de la Gloria y la República. Quizá Justicia, que es tan popular, ya debería tomar el mando del timón. Ha escuchado a bandas de guerra, spiches sobre la intolerancia y la represión tanto como los de igualdad y respeto.

Se debe de quejar amargamente que los mexicanos dejamos de creer en aquello de “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y que lo utilizamos a nuestra conveniencia. Nos enredamos en la bandera y nos tiramos al precipicio a la menor provocación. El drama nos fluye, en verdad. Debe de ver con tristeza que todas las mañanas amanecen un par de ciudadanos sin hogar a sus pies envueltos en periódico, cartón y cobijas. Seguro le da más emoción ver a un grupo de adolescentes tomarse la foto de graduación con su toga y birrete, que la corona de flores que le deposita el presidente el día de su cumpleaños. Me imagino que es el único que sabe quién le tiró la cabeza al águila y que fue motivo de que los turistas se tomarán una foto chusca. A lo mejor se pone super cachondo cuando las parejitas se acarician en las escaleras.

Ayer cuando caminaba frente a él, se veía tan sereno, tan iluminado y yo podría decir que hasta contento. Junto a él una casa de campaña con una petición. Frente a él un grupo de adolescentes se tomaba la foto en pijama. ¿Le habrá dado vergüenza o lo habrá disfrutado tanto como yo?