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¿Quieres ir a ver freaks? me preguntó un amigo. JA! cómo rehusarme ante semejante propuesta. Llegamos a un lugar llamado el Gabanna en pleno insurgentes en la Nápoles, que según me contaron es de la mamá de Lucerito. Por un error de cálculos en mi GPS mental dimos un varias vueltas y llegamos tarde. La función ya había comenzado. Me dí cuenta que era la presentación del libro Chiquita, ganador del premio Alfaguara de novela 2008. El lugar es como un piano bar, a los que suelen ir los que dicen vamos por una copa. En el escenario habían dos sillas enormes y una mesa también gigantesca. En cada silla había dos personas que más tarde identifique. Regina Orozco, diva y cantante, y Fernanda Tapia, conductora, estaban sentadas en una silla en la cual literlamente les colgaban las piernitas. En la otra se encontraba Antonio Orlando Rodriguez, autor del libro y una señora que no reconocí.

En la pantalla pasaban unas diapositivas de Espiridiona Cenda, la protagonista de la novela alias Chiquita, bailarina y cantante de los teatros de variedades de principios del siglo XX, sobre la cual el autor cubano se inspiró. Por lo poco que alcancé a ver por el lugar tan ángulado que nos había tocado, llegué a la conclusión de que no me estaban contando mentiras, sí eran puros freaks. Fotos históricas del hombre gigante, de Espiridiona que tan sólo medía 66 centímetros, y de varios personajes del vaudeville bastante extraños.

La intervención de Fernanda Tapia diciendo que el libro se disfruta más porque en tiempos de lo políticamente correcto se disfruta leer la palabra negro o enano. La señora Tapia hizo de las suyas con sus ocurrencias. A mi sinceramente me llamó mucho la atención su vestido. O tiene las chichis de vaca o la gravedad ya hizo lo suyo, el chiste es que se le veían enormes y pesadísimas. Acto seguido Regina Orozco amenizó la presentación con su voz y además solicitó ayuda al respetable. Cada vez que levantara la mano, nosotros teniamos que decir “por arriba” y a la inversa. Al principio un poco tímida la audiencia pero acabó por conquistar hasta al más rancher@. Luego la mega bizcocho se fue tras bambalinas y salió cubierta con un chal llegando al micrófono que había puesto a la altura de sus rodillas, cuando de repente se descubre y vimos que traía colgada al cuello una muñeca de trapo sin cabeza. Se incó y cantó. Me dieron muchísimas ganas de ir a ver su chou. En la sesión de preguntas y respuestas el libro se llevó varios elogios. Para cerrar con broche de oro nos dieron unos ricos bocadillos y vino tinto. Definitivamente las presentaciones de libros deberían de ser así de originales. Les dejo un videito.