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De todos los personajes que deambulan por el metro, el que siempre me ha perturbado es el del fakir. Siempre es un chavo con el torso desnudo que extiende una camisa con vidrios en el suelo y se acuesta/revuelca ante la mirada atónita/indiferente de los usuarios del metro. El de ayer en especial me dio mucha cosita. Se azotaba contra los vidrios y tenía unas cicatrices impresionantes con sangre fresquesita, que lo hacía candidato a la expresión de mi abuelita: “quedó como santo cristo”.