He ido un par de veces al salón tropicana en pleno Garibaldi. El ambiente rojo le da un toque cabaretoso junto con su decorado de estrellas salserosas. El tropicana te seduce por su aspecto añejo/cutre y decadente pero a los parroquianos parecen no importarles las sillas/mesitas chiquitas y su alfombra roja (o que lo fue en algún tiempo) digna de un estudio bacterológico. Basta ir un jueves o un miércoles para ver una cátedra de cómo se baila salsa/merengue/cumbia. Quizá sólo sentarse a ver bailar a las parejas mientras un mesero con corbatin y chaleco negro trae las bebidas es suficiente.

La revista VICE México organizó el lanzamiento de su primer número en dicho lugar, trayendo a los black lips como plato principal además el ingreso al sitio era sólo con invitación. Para no hacerles el cuento largo estuvo increíble. Demasiado alcohol gratis, harto chico guapo y mariachis. Lo que hizo la noche fue ver a los de seguridad tratando de controlar a los slamosos para que no cayeran a los pies de los black lips. Tuvieron que quitar los monitores y bañarlos con lo que pudieran para calmarlos.

¿Saben que fue lo que pasó? La banda se prendió más. Estaban eufóricos aún cuando los empujaban de la cara, los cargaban y los aventaban no podían contener sus ganas de brincar, no muy práctico ya que el techo era demasiado bajo. Sin embargo a los black lips parecía no importarles, es más, el guitarrista marinerito se metía a la multitud a que se lo sabrosearan. Ese chaparrin sí que era un rockstar. Tocaba con chela en mano, se arrastraba por el piso y al final echó un gargajo al techo que pasadas la horas seguía colgando. Simplemente inolvidable. Vendrán al Manifest así que no se lo pueden perder.

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