Tenía como 16 años. Iba al gimnasio a ponerme bien buena. Había un aparato que sirve para fortalecer el abdomen bajo. Consiste en subir los pies a un descanso y estar posición vertical además apoyas el antebrazo y las manos agarran una palanquitas mientras tus pies quedan suspendidos en el aire. Luego tienes que elevar las piernas en escuadra y bajarlas. Sencillo, pero la primera vez que lo hice tuve una extraña sensación. El acto de subir y bajar las piernas, al momento que se contraen los músculos del abdomen bajo bajo bajísimo, hizo que comenzará a experimentar mucho pero mucho placer tanto, que fue la primera vez que sentí un orgasmo. Me bajé un poco asustada del aparatejo. ¿Qué demonios me estaba pasando? Según la rutina que me había puesto el entrenador tenía que hacer abdomen diario. Al principio sentía culpa pero poco a poco me dejé llevar. Cuando sentía que estaba a punto de gritar me bajaba. Se convirtió en un placer oculto. Ayer tuve un sueño muy erótico y mi abdomen (y más abajo) se volvió a contraer. Consecuencia: hoy traigo el mojo hasta el cielo y un orgasmo a flor de piel.