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Recuerdo que en la prepa nos mandaron a la biblioteca de méxico. No recuerdo exactamente para qué pero seguro el profesor lo hizo para que la pisaramos, por lo menos una vez en la vida. Fui con una amiga en riguroso metro porque el coche no me lo prestaban y ella no tenía. Salimos del metro balderas recorriendo ese largo pasillo, repleto de puestos de libros viejos y no tan viejos, que te lleva a la biblioteca. Caminabamos baboseando hasta que algo capturó mi atención y de inmediato la paré en seco. Antes nuestros ojos y por primera vez una Playgirl. Guau. Embolsada y todo. La reacción fue inmediata. Vamos a comprarla le dije. Ella me secundó. Con nuestra cara de moconetas pubertas lo primero que pensé es que el tipo seguro no nos la iba a vender, por aquello de que eramos menores de edad pero vamos, estamos en México.

Cuando le señalé la etiqueta, ella brincó de emoción. ¡¡Tres cincuenta!! Simultáneamente nos metimos las manos a las bolsas del pantalón, pero como buenas estudihambres sólo traíamos para el pasaje pero aún así logramos juntar los tres pesos con cincuenta centavos. Como sabía que ella era la más valiente le dije que era su turno de pedírsela al voceador con cara de pocos amigos. Mis manos sudaban y mi corazón tenía taquicardia porque pensé que el señor nos la iba a negar. Tan sólo imaginar lo que había adentro me carcomía el pensamiento y el morbo. ¡Guau! hombres en pelotas. ¿En realidad vamos a ver miembros enormes y cuerpos musculosos? Yo no podía con la emoción cuando ví que el don del puesto le comenzó a quitar la pinzas para bajarla. En eso escuché algo que hizo pedazos la ilusión. Son cincuenta pesos, dijo. ¿Qué? pero si ahí dice tres cincuenta. El tipo sonrió y me dijo. “Esos son dólares”. Chale. De repente el sueño de ver el cuerpo mamado y musculoso de un hombre en pelotas se esfumó. Obviamente nos atacamos de la risa y ya no compramos la revista. Hoy me entero que la edición impresa dejará de hacerse. Q.E.P.D Printed Playgirl.