“Ándale escoge una, te la disparo”. Yo reía con nerviosismo porque sabía que por habladora ya no iba a poder safarme. Era el cumple del Isra que se iniciaba en la terrible pero gozosa etapa de los treintas. El asunto comenzó con una cenita entre amigos en la condesa, de la cual pensé que todo acabaría muy temprano y argumentando los años regresaríamos a nuestras casas a ver televisión y dormir. No sé quien fue pero por echar desmadre alguien dijo que saliendo nos fueramos al Closet, afamado chichisbar en la condesa. Yo creo que todos lo tomamos a broma y dijimos que sí. De repente al ver la cara del cumpleañero sabíamos que no se quedaría en habladurías. Bueno pues que más da. Seguro a las chicas que estabamos en esa mesa no nos iban a dejar entrar, a menos de que fueramos a pedir chamba. Total, pagamos la cuenta y bajo la advertencia de que tomaríamos una chela y iríamos partimos rumbo al Closet.

El anuncio luminoso estaba apagado y la calle oscura. Muy mal presagio de un antro que posee un derroche de energía tipo Las Vegas. De la nada nos sale un fulanito y nos dijo que estaba clausurado, aunque nos hizo una recomendación: “Vayan al Queen’s, no hay cover, hay seguridad, dejan entrar a la mujeres y se van a divertir”. Con eso bastó para que la comitiva emprendiera el viaje a dicho congal. Mi sorpresa era enorme porque nadie se rajó. Dos chicas y el cumpleañero nunca habían pisado un chichisbar y entonces comenzó a llover. Hicimos tiempo para que el otro coche llegará y no nos aplicaran la juvenil. Llegó y el ambiente se oía de lo mejor. La perrada aplaudía, chiflaba y gritaba. “Un aplauso para katiaaaaa, decía el animador. Ya se nos comían las ansias de entrar. (Continuará)