Ya todos juntitos, casi agarraditos de la mano como quien entra a la cueva del lobo, seguimos a un hombre alto y trajeado para que nos asignara mesa. Conforme fuimos avanzando vimos a una chica caracterizada de “gatito blanco”, cuyo traje de tres piezas estaba confeccionado de peluchito blanco con todo y cola. ¿a eso referieren cuando dicen que van a ver peluches? Je. De primera instancia nos pareció frío, quizá por la decoración azulosa, el techo muy alto y el aire acondicionado a lo que da. Nos tocó una mesa cerca de la pasarela con buena visibilidad pero con la suficiente discreción como para que la perrada no se sintiera invadida. La pasarela contaba con el ya clásico y bien ponderado tubo, una especie de T metalosa y al final del escenario un graaan espejo. Llegó el mesero que inmediatamente nos ofreció algo de tomar. Pedimos la carta para ver cuánto costaban los tragos. El medidor siempre es la chela, así sabes que tan caro es el sitio. Chelas $89 pesucos. Miauuu… total, una y nos vamos.

Pasadas las formalidades vino la inspección. La voluptuosidad de las dancing queens dejó a mis anonadadas amigas con la quijada hasta el piso. Claro que como buenas féminas dedicaron una buena parte al recorte. Uooorales, esa está bien operada, como que aquella tiene celulitis, qué pedo con su trajesito, y un largo largo tijereteo hasta que se acostumbraron a ver la abundancia de carnes. Ya con tragos en la mesa vimos desfilar una mujer policia, una de la afi, una enfermera, una chica con uniforme de las carreras, etc. El animador convocaba a los parroquianos para animar a las chicas a aplaudir y chiflar, aunque francamente les urgen unas clases de baile. La dinámica es la siguiente. Primero la canción movidona para que hagan su desfile y cautiven a los caballeros con sus atributos. Después viene la canción “sensual”, que viene a ser una rola calmadita y cachonda, momento que aprovecha la bailarina para despojarse de sus escasas prendas. Los hombres se prenden con cualquier cosa pero las muchachas bailaban con harta hueva, les falta la jiribilla, el cachondeo, hasta pa’ menear las nalgas hay que tener gracia. Creo que esperabamos algo como en las películas, onda colgadas del tubo, haciendo suertes y un par de acrobacias. Mis dos amigas y el esposo de una decidieron que ya había visto mucho y se fueron, sin saber que lo mejor estaba por venir. (continuará)