En vista de que tres tripulantes brincaron del barco, nos quedamos con el festejado que todavía no podía creer la cantidad de carne que había en ese lugar. De repente aparece en escena un “angelito”, una flaquita tipo lolita como las que le gustan al cumpleañero. Ví sus ojos y supe que ahora sí estaba dispuesto a comprar un baile. Cada quien sus fetiches. Inmediatamente llamó a la boletera y le preguntó de a cómo el bailesin. Doscincuenta una rola, dijo la ñora con traje gris. Claro que le dio las opciones de comprar más bailes para que aplicara el bonito descuento. Uno por favor. Acto seguido le preguntó que cuál quería. Busco al angelito pero descubrió que junto a la lolita había una chiquitita de rosa que le hizo palpitar el corazón y otra parte. La boletera ni tarda ni perezosa fue en busca de la chamaca. Cuando la trajó yo pensé que se iba a parar como el resto de los caballeros e irse a un privado a que lo despeinaran agusto, pero no fue así. El quiso, lo que viene a ser el baile en la mesa, o sease el table dance, teibol danz pa’ los compas.

Comienza la canción. La flaquita de rosa velozmente comienza a despojarse de las poquitas prendas transparentosas que tenía y, enseguida lo comienza a toquetear. Tengo que aclarar que estaba a unos centimentros de semejante espectáculo. Mi querido festefajoneado amigo reía nerviosamente cuando de repente la chamaca le agarra la mano y se la conduce por su esbelto cuerpesito. Ella se volteo y le puso las nalgas en la carita sonrojada y perversa de mi cuate. Así de la nada siento una mano que me pesca la mía y la conduce sobre el cuerpo de la lolita. Era la del cumpleañero compartiendo su autoregalo. Al principio como que me dio cosita aunque la mera verdad la flaquita tenía la piel tan suave que también participe en la sabroseada. Para cuando se acabó la canción, la damita ya le había dado hartos arrimones y jurguneado el paquete al cumpleañero, él le agarro las chichis y cuanto pudo. Este congal bien se puede llamar el papalote: toca, juega y aprende.

Al ritmo de Please don’t stop the music vimos a una chica que estaba rebuena, la desgraciada, pero tenía cara de trasvesti. Ay nanita, ni aunque esté oscurito. Seguimos rastreando las mejores opciones. Mira esa… no pues le falta nalga, ¿y aquella? como que las tiene caidas, mmta está bonita pero no tiene cadera, uchas esa está refea pero que buen botapedo, y aquella otra… no maus, a poco así les gustan. Jajajaja, mira esa que grande tiene la areola parece un hot cake, jajajaja y aquella tiene pezones pa’ amarrar caballos… Eso de escoger carne es muy divertido tengo que admitirlo. Ya entrados en calor que me dice el cumpleañero: ándale güera, que te baile una yo te la disparo. Desde luego supe que mi compa es voyerista y le quería dar gusto así que dije, órale va.

Bueno pues si los hombres son exigentes yo era peor, ninguna me despertaba mi lado lesbiano, mi respeto y admiración sí, pero lo que se dice la onda cachonda pues no mucho. Así que después de un rato de buscarle pues le dije que la neta igual repetíamos flaquita, aunque había otra de malla verde que le había gustado a los acompañantes; nos dedicamos a buscarla pero ni las boleteras ni nosotros la encontrabamos. Es extraño cómo pasadas las horas, las más populares están acaparadas por los caballeros. Llegan saludan a los clientes de beso, se les sientan en las piernas y comienzan a platicar ¿qué les contarán? quien sabe pero estabamos perdiendo oportunidades valiosas. Además había un tipo en la mesa de al lado que se había sentado a las dos morras que queríamos, ahora había que escoger una de las disponibles. Ya un poco frustrados porque no se veía que las monitas fueran a desalojar la mesa y menos con dos copas de champaña en mano. Uta no quiero ni saber cuanto costaba una copita de burbujas francesas. (continuará)