Llaman al escenario a Sheila. Nosotros seguiamos rastreando con la mirada cualquier candidata para un baile. Sheila comienza a bailar. Uoorales, está chida la rarotonga, me dice el festejado. La bailarina salió con un mini traje de animal print y tenía un megaultradelicioso cuerpo. Nos dejó con la boca abierta porque nos dimos cuenta de que era diferente, ella sí sabía bailar. Se colgó del tubo brincó bailó, hasta split hizo. Mi cuate y yo dijimos al unísono: esa. Luego luego que le decimos a la boletera que era a ella a quien queríamos en nuestra mesa. Anotó la petición y esperamos a que terminará su presentación. Madre mía, en la canción sensual cuando se quito el top, que se agarra una chichi y con la lengua le dio dos tres lamidas a la areola. WOW. Ya me dio miedo.

Después de que un cabrón nos la ganó y se la llevó dos canciones al privado, llegó Sheila a nuestra mesa, cambiada y dispuesta a bailar. ¿Para quién es el baile? Era una mujersota y acto reflejo señale a mi compa, pero luego él me señaló a mi y fue tajante. Es para ella. Uffaaa, no manches… a rajarse a su pueblo. Noté que las mesas de alrededor, concentraron su atención en lo que estaba pasando en la nuestra, ahora el espectáculo eramos nosotros, o más bien yo. Sonriente Sheila me dice: muy bien corazón, para que sientas el plástico, refiriéndose a sus graaandesss tetas. Lo que más ñañara me daba no era que me fuera a sabrosear como la flaquita in rose lo hizo con el cumpleañero, sino que me gustará… jajajajaja. Comienza la canción y Sheila se despoja de las prendas, se me sienta en las piernas y sus flotis quedan viendo junto a mis ojos, en eso siento que clava mi cara en sus chichis (frías) y las agita. Bolas, y que me da un ataque de risa. Ella estaba fascinada. Luego se voltea y pone sus nalgas en mi cara, a estás alturas que se me quita la nervia y le empecé a meter mano por donde pude, empezando por sus silicones donde le pesqué los pezones un rato, luego deslicé mis manos hasta sus caderas, pasando por sus nalgas bajando hasta las piernas super firmes, una y otra vez, hasta le di un par de nalgadas kinkys y ella sonreía. Los ojos de las mesas de al lado no perdían detalle. Sheila era cubana y por lo visto no tenía ningún tipo de inhibición. Me dijo que la habían corrido de su trabajo (teibol) anterior por borracha y desmadrosa además a estas alturas ya estaba ebria. Terminó la canción pero Sheila todavía seguía con nosotros. De la nada sale un trajeado y la invita (agarra) abandonar la mesa.

Creo que era momento de abandonar el lugar, ya sentía que me llovían las ofertas de trabajo. Juar, juar. Pedimos la cuenta y cómo era esperado el sablazo fue de mil pesucos. Preguntamos si se podía pagar con tarjeta y el mesero nos contestó que era muy poquito. ¿Cómo que muy poquito? No manché… ¿se le hacen pocos mil pesitos en tres horitas? El mesero se acerca y me dice, ve esa mesa que está allá y esa otra, llevan cincuenta mil pesos. ¡¿QUÉ?! vírgen de los milagros perdidos y los políticos honestos… ¿cómo puede ser eso posible? El mesero replica, el señor que está allá llegó desde temprano y aquel otro pues no más cuéntele cuántas chavas tiene en la mesa. En efecto cual vil padrino el muy atascado tenía dos rorras en cada brazo y cada una con sus tragos franceses. Bolas peludas, pero ¿quién puede gastar cincuenta mil del águila en horas? habiendo tanta hambre en el mundo. Siendo así, hicimos la muuu, le dimos las gracias al mesero y nos fuimos. Mientras esperabamos el coche yo sentía las manos grasosas seguramente por la crema untada en el cuerpesito de Sheila, me las lleve a la nariz y aspiré. El olor era bastante conocido y de pronto llegó la iluminación. Ya sé a que huelen las teiboleras…. a cremita de Victoria’s Secret. =P