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Hace un año andaba en las playas de South Beach pasándomela muuuuy maaall. ¡Ay, cómo extraño Miami! En el hostel había un par de franceses que habían estado haciendo sus prácticas en Denver o algo así y habían llegado a Miami a divertirse antes de emprender el regreso. Yo moría ganas de practicar mi franchute y ellos de divertirse. Con 23 años este hermosísisismo ejemplar vivía en la campiña francesa entre vacas y flores. Me decía que su vecino más cercano quedaba a dos kilómetros además prometió casarse conmigo. Fue una de las noches más románticas del viaje. Bailamos, bebimos, cantamos. Si lo ven, díganle que lo ando buscando…