
Si hablara el hemiciclo de mármol nos contaría muchas historias tantas que quizá moriríamos de la aburrición. Por lo menos se quejaría severamente por la fetidez que expulsan las coladeras de la alameda. Ha visto caer y levantar un par de edificios frente a él. A lo mejor ya debe de estar cansado de estar rodeado de la Gloria y la República. Quizá Justicia, que es tan popular, ya debería tomar el mando del timón. Ha escuchado a bandas de guerra, spiches sobre la intolerancia y la represión tanto como los de igualdad y respeto.
Se debe de quejar amargamente que los mexicanos dejamos de creer en aquello de “el respeto al derecho ajeno es la paz”, y que lo utilizamos a nuestra conveniencia. Nos enredamos en la bandera y nos tiramos al precipicio a la menor provocación. El drama nos fluye, en verdad. Debe de ver con tristeza que todas las mañanas amanecen un par de ciudadanos sin hogar a sus pies envueltos en periódico, cartón y cobijas. Seguro le da más emoción ver a un grupo de adolescentes tomarse la foto de graduación con su toga y birrete, que la corona de flores que le deposita el presidente el día de su cumpleaños. Me imagino que es el único que sabe quién le tiró la cabeza al águila y que fue motivo de que los turistas se tomarán una foto chusca. A lo mejor se pone super cachondo cuando las parejitas se acarician en las escaleras.
Ayer cuando caminaba frente a él, se veía tan sereno, tan iluminado y yo podría decir que hasta contento. Junto a él una casa de campaña con una petición. Frente a él un grupo de adolescentes se tomaba la foto en pijama. ¿Le habrá dado vergüenza o lo habrá disfrutado tanto como yo?
Estaba con un amigo tomando un café cuando de súbito interrumpió la conversación. Guardó silencio, se quedó petrificado y fijó la mirada. Era como si lo hubieran puesto en pausa. Había visto algo que le quitó el habla. Al voltear hacia donde el había puesto sus ojitos me percate de que el objeto de su deseo era una chica. Venía vestida con pantalones capri ajustados y una blusa de licra también ajustada. Seguía sin hablar y además había comenzado el escaneo en baja resolución. Lo hizo un par de veces. Casi ví cómo su mirada rayos X le iba desintegrando la ropa. La mujer en cuestión venía acompañada por un galán que al parecer no había reparado en que su mujer estaba siendo violada por los ojos de otro hombre.
En algún momento me pareció que eso ya era demasiado, que probablemente la mujer era su exnovia o alguien que tenía que ver con él por la intensidad con la que la miró. ¿Estás bien? le pregunté. Regreso de su trance y me contestó que sí. En ese momento se rompió el silencio y reanudamos la conversación. Aún así yo no pude quedarme con las ganas y le pregunté si era alguien que conocía. La respuesta fue negativa. Entonces me pareció que eso había sido ya exceso. A veces no entiendo por qué ustedes queridos hombres hacen eso. No les basta con ver. Necesitan devorar y poseer. ¿Por qué?

Cuando hundía la cuchara en la sopa de letras que preparaba mi mamá cuando era chiquita jugaba a reunir la mayor cantidad de “a” antes de comermerlas en una sóla cucharada. Yo me imagino que al pequeño Vic Muniz se le ocurrió lo mismo pero haciendo un retrato con los frijoles de la feijoada de su abuela. Demasiado metículoso, riguroso y metódico en algo que para muchos puede ser una ocurrencia. Para los amantes del pop art, la expo de Vic Muniz en el palacio de San Ildefonso, es una delicia hasta sales con hambre. El color y las fotografías inmensas te transportan a un sitio mágico ese que habita en tu imaginación. Casi hasta son ejercicios de reconocimiento porque el artista brasileño trabaja con la historia de la imagen desde una fotografía de la revista Life hasta las fotografías más famosas de las estrellas de cine.
Lo que resalta es el empleo de los materiales que en la niñez te aseguraban un manotazo y un “niñ@, no juegues con la comida”. Tierra, basura, caviar, diamantes, mermelada, azúcar, chocolate, hilo negro, etc. Se dice fácil pero creo cuando uno ve la serie a color con puros cuadritos de PANTONE estás seguro que necesitas un mapa mental muy cabrón como para poder pixelear la imagen y luego construirla cuadro por cuadro. Mi favorita fue la Mona lisa.


No sé si me da mas miedo el parecido con bomberito, o el gesto de asesino en serie dorado. Ay.



Ese extraño lugar lleno de palmas enormes, clima tropical, muebles y aspecto porfiriano dedicado a las propuestas musicales. Llama la atención el olor a comida china proveniente de la planta baja y las exóticas vestimentas de los pasajeamericanos. Ahora comprendo porque las inmensas bolsas negras repletas de cascos de Heineken listas para ser subidas al camión de basura al día siguiente.









Ir al desfile militar del 16 de septiembre era una de las cosas que me provocaba maripositas en el estómago cuando era una mocosa. La desmadrugada, el guacal y los soldaditos me emocionaban muchísimo pero sobre todo, el periscopio cartoné que te permitía ver hasta el infinito y más allá por encima de todas las cabezotas y a pesar de la estatura. Mi fascinación provenía por lo complejo del objeto. ¿Cómo una cosa de cartón retráctil y con un par de espejitos podía saltar todos los obstáculos visuales?
Ayer disfruté tanto del mar de periscopios cartoné multicolor diadiezpesitó y ver a la gente disfrazada de bolsas de basura. Un alucine visual. Creo que los organizadores del concierto ALAS esperaban mucho más gente de la que llegó, a decir del cierre de calles y despliegue policiaco que se aventaron y la estructura que dejaron a medio poner. Eso sí, se oía y veía bastante bien. Muchas familias, parejitas y extranjeros disfrutaron de una tarde húmeda que amenazaba con ponerse aguada pero que se apiadó de los curiosos.
Amé ver a Ricky Martin (que sabroso está el muchacho). El palomazo de Alex Syntek con Ana Torroja. Las pendejadas que decían los de Telehit. Los tigres del norte con Lucero y que desde mi balcón se escuchara el concierto. Por cierto no me gustó para nada el look que se cargaba Chayanne porque parecía que llevaba días sin bañarse. Ahora que lo pienso desperdicié una oportunidad maravillosa… poner una manta en el Zócalo con un mensaje para el Monsieur Slim que hizo el honor de visitarnos. “No más Sanborns. Queremos un Superama en el centro”. Merci.








