La conserje me dió un sobre amarillo con rojo de mensajería al que no ví con buenos ojos pensando en que eran multas de hacienda o algo por el estilo. No acostumbro recibir mensajería por eso se me hizo raro que Banamex me mandará algo. Lo abrí con mucho morbo y encontré un sobre blanco con una cartita diciéndome que como soy una gastalona compulsiva y que además pago mis deudas a tiempo, entonces ya soy de algún tipo de club, en el que regalan boletos para conciertos. Cual va siendo mi sopresa que en unos flamantes cartones hologramescos de ticketmaster veía impreso: Timbiriche. Me dió un ataque de risa loca. Quiero pensar que los del club maravilloso vieron mi fecha de nacimiento y por default pensaron que seguritititito pertenece a la “generación timbiriche”. Chale. Yo que decía que a quien demonios se le ocurriría gastar su dinero para pagarles su retiro a los Timbirucos recordando glorias pasadas y una vez más, confirmando que la ciudad de México quedó atrapada en los ochentas…
El día llegó. Cualquier pretexto para salir temprano del trabajo es bueno. Obviamente a los que les dije que iba al concierto se megaultraburlaron de mí, aunque bien pude haber vendido los boletos no lo hice. Decidí ver de que se trataba todo el asunto. La cita fue en el Foro Sol además ya no supe si era gira del adiós/adiós/ahorasinosvamos o de veras de veritas que ahora si nos vamos. El chiste es que se llenó. Sip amiguit@s, una bola de nostálgicos repletó el lugar. Como ya sabía que los bananamex boletos no eran de primera fila estaba segura de que con suerte lograríamos ver algo, pero antes unos tacos. Se oyeron los gritos eufóricos de cualquier inicio de concierto y algo que se oía como música pero muy lejana. ¿A poco ya están cantando? Mi acompañante et moi subimos a ocupar los asientos y no lo podíamos creer. Se oía de la mismititita chingada. Parecían dos conciertos. El sonido de la bataca retumbaba en las gradas, las voces no se oían y parece que el inge de sonido les cerraba y abría los micros o por lo menos así parecía.
Por las pantallas pude ver que Sasha traía unas ojeras del terror y un vestidito rosa, que Mariana estaba embarazada o se había comido un balón, que Alix ya no era la gordita del grupo, que Diego traía chinos aborregados y lo bien que se veían Benny y el dueño de un tattoo de Taz en el brazo, Erick, con sus gafas oscuras. En un inicio como que cantaba y me quejaba amargamente del sonido pero al parecer no fui la única. Cuando los integrantes del grupo se echaban el choro era cuando menos se oía, al grado que derepente se empezó a escuchar un coro que provenía de las gradas diciendo: “No se oye, no se oye, no se oye”.
El momento cumbre llegó y mi timidez/pena se fue desvaneciendo. Con las primeras notas de Tu y yo somos uno mismo, salió Diego enfundado en playera blanca con el pantalón aguado/demojón con el que sale en el video. Ahhhhh…. en ese momento salí del closet. Me sabía los movimientos entonces canté y canté con más fuerza. Casi me hago pipí cuando de la nada sale una botarga multicolor. No maaaaaaa… era Cocorito. Sentí que estaban jugando con mi mente, sacando los recuerdos enterrados en el closet de la memoria. Para el encore salieron cambiaditos y cantando puras canciones de los 80 que yo me sabía… tssss hasta la puerta de Alcalá entonaron. El gran finale vino con México, méxico, eme-e-acento-equis-i-ce-y-o fuegos artificiales, lluvia de papelitos de colores y las lágrimas de Diego. Ash… No lo niego lo disfrute mucho.