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Unos zapatos de tacón plateados, una falda hecha en casa tipo tutú, chamarra de cuero y trenza imperial hicieron de la noche un cliché. Lady Tutsi pasa por mí y tenemos una cita con el destino. Un mendigo afuera del Corona me pide una moneda, le correspondo con una sonrisa y un las princesas no tienen cambio. Se convierte en un acosador. Un hombre valiente lo enfrenta y detiene. Ayyy, todavía existen los príncipes. Me siento dentro de un comercial de totalmente palacio con mi versión postmo de Madonna en likeavirgin region cuatro aplanando calles del centro en busca del córcel blanco. Hemos entrado al palacio que se encuentra junto al de los azulejos, nos recibe una gran alfombra verde y un guardia güero solicita mi L-IFE-naje. Me vuelvo a sentir de quince. Subo las magníficas escaleras. Agito mi falda porque el diosboladisco se ha apoderado de mis tacones. Bailo y bailo ante la mirada de los arrinconados asistentes tratando de sostener la altura que proporcionan unos tacones de 10 cm. Princess Tutsi toma impresiones gráficas con su cetro de poder. A lo lejos veo un sombrero de copa ¿será el príncipe azul que yo soñé? Vislumbro al conde Pandal, poseedor del hermoso palacio con candelabros y un trofeo rinocerontico, me observa desde el rincón. Hipnotizada por los sonidos que produce la orquesta de la cajita gris con manzanita brillante me dejo llevar. El calor se apodera de mi cuerpo. Lentamente abro mi capa de cuero para deja escapar un par de feromonas. Tomo un elíxir imperial de cebada. Simplemente es la bebida de los reyes. Mitiga el calor corporal.

El rey del pop hace su entrada triunfal I wanna rock with you all night sin embargo ya van a ser las doce y se acabará el encanto. Nadie se ha animado a entrar al centro de la pista todavía. Queen Madonna, demuestra porque es la absoluta reina del baile con Vogue. Poseida por el ritmo alzo mi mano, la funda se ha dejado vencer y veo volar mi cetro Canon entre las luces de colores. La fuente de mis deseos, mi confidente, mi media naranja ha volado por los aires hasta aterrizar en el piso de madera. Con el gesto descompuesto la miró tirada en el piso agonizando. No puede ser, no puede ser, esto no está pasando, debe de ser una pesadilla. La recupero pero no me atrevo a prenderla. ¿Se habrá acabado la magia? Aflijida por semejante acontecimiento y por el insoportable dolor que provoca estar de pie/bailando con tacones abandonó junto con lady Tutsi el recinto antes de que den las doce. Siento un vacio al ver que al tratar de capturar el momento de la huída el cetro ha extinguido su luz. Le cuesta trabajo enfocar y mi corazón se hace piedra. No puedo derramar lágirmas. Mi compañero de aventuras ha muerto en la batalla de la diversión. Se queja, agoniza y yo… sufro. Ya no siento ni el dolor que provoca el síndrome del piedebarbie sin embargo Lady Tutsi abandona el glamour y se baja de la calabaza.

Las luces de la calle parecen estar de luto. De la nada aparece un pajecillo y me grita: ¡qué viva la novia!, acongojada por mi reciente pérdida arremeto contra los príncipes que se fueron y no volverán. Cásate conmigo me propone pero no tiene ni la estatura, ni la edad obligatoria para que yo pueda evadir las mazmorras. Esbozo una sonrisa y me alejo junto con la princesa tutsi que ha dejado que los zapatos cuelguen de sus delicados dedos. Se acerca una carroza verde con blanco ofreciéndose a llevarnos, al parecer no es la única. Cual damiselas en problemas nos metemos al castillo Hotel Principal para resguarecernos de los plebeyos. Cada paso representa una podoagonía y por fin llegó al sendero que me conducirá a mi morada. Mi estrujado corazón todavía no puede creer que ha perdido su conexión con sus fantasías. Atravieso la calle del libertador y otro de esos igualados choferes de carrozas verdesconblanco vocifera: regálame las zapatillas para mi esposa. Zapatillas, que bonito suena desde la Cenicienta que no la escuchaba. Las mismas que la princesa está punto de aventar a su real closet. Sostengo entre mis manos a mi cetro óptico de poder con tanta fuerza que espero poder regresarlo a la vida. Es en vano. Descanse en paz mi lacayo Canon.