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Hace poco perdí el celular. Fue en la Alameda por estar recogiendo y aventándole la pelota a Pinole, se salió de la bolsa de la sudadera el muy ingrato. Este es el tercero que pierdo del mismo modelo. El primero técnicamente no se me perdió sino que me lo desaparecieron de la mesa cuando fui a bailar. El segundo me senté en él y se le rompió la pantalla de cristal y ahora este. El asunto no es haber perdido sólo el aparato sino el contenido. En el recuento de los daños hice repaso mental. El teléfono de nosequiensito que te encontraste en el concierto y que no veías desde que estaba panzaless, soltero y con pelo. Un par de ligues callejeros y las fotos. Unas tomas de la ciudad, Bellas Artes de noche, un jojomless, chicas maquillándose, mi perro y mis… CHICHIS!!! Mierda. Una noche en total y asquerosa ociosidad me puse a sacarme fotos de mis chichis. Así porque sí pensando en que se las podría mandar a Clive Owen ahora que lo conozca. Así que para que no las vayan a encontrar en el cyberespacio. Aquí les van. Se aceptan piropos, invitaciones al altar, pases de cortesía a las camas de bronceado y claro un aparato móvil llamado celular con cámara por supuesto.