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En houston no hay nadie en la calle. Puedes caminar y caminar y no encontrarte con un alma en el trayecto. Hace calor aunque la húmedad es la que te hace sudar como pollito rostizado. A pesar de ser la cuarta ciudad mas grande de Estados Unidos después de NY, LA y Chicago la calma es tanta que parece un pueblito fantasma hasta creo que hay mas áreas verdes y plantitas que habitantes. La manera tan torcida en que crecen los árboles me recuerda al refrán. La gente es sumamente amigable y cortés te saludan en la calle aunque no te conozcan muy al estilo Joey de Friends. El transporte público no es su mayor fuerte, los camiones tardan en pasar pero el Metro rail, un tranvía, te saca de apuros. Pensé en rentar un coche y aún cuando considero que soy un GPS andante los freeways me dan miedo.

Houston tiene una oferta grande de entretenimiento. El Minute Maid Park adornado con un trenecito con naranjas, hogar de los Astros, se ve impresionante, lástima que no pude asistir a un partido. También está el toyota center donde juegan los Rockets. Hay tantos museos como hospitales de especialidades médicas. En especial quedé perdidamente enamorada de la colección menil. Los menil fueron una pareja de acaudalados houstonianos que se dedicaron a la filantropía y a la colección de arte. No saben lo que sentí cuando encontré varias de mis obras favoritas como el L.H.O.O.Q. de Marcel Duchamp, un par de piezas de Andy Warhol y la mejor colección de Magritte que haya visto, casi se me salen las de cocodrilo. Me acosté en la banquita a contemplar un mobile de Calder, el creador de la escultura que se encuentra afuera del estadio azteca, durante un muy buen rato. Lo que me pareció verdaderamente alucinante de la colección menil fue el cuarto de objetos que pertenecieron a los surrealistas. Indescriptible, desde un traje de picos hasta un mickey mouse de madera. Los Menil le encargaron a Rothko la construcción de una capilla. El lugar es un templo en el cual puedes escuchar el silencio. Está diseñado de tal manera que la luz de día que entra por el plafón hace que cobre vida, parece que la capilla respira. El downtown en domingo es la quietud absoluta sólo encuentras un par de homeless y uno que otro turísta. Puedo decir que lo que más disfrute de Houston es esa parte en la que todo te parece tan familiar, quizá por las películas pero que de alguna manera te hace sentir relajado y a tus anchas.