zague

Sé lo básico de futbol. Todavía se me cruzan los cables cuando ponen la repetición de un fuera de lugar y todo mundo exclama ‘ahí está clarito’. Me provocan sonrisas los comentaristas de ESPN y me dan ganas de engraparle el hocico al perro bermudez y mi gusto culposo siguen siendo las reseñas de Faitelson en los mundiales. Una vez me ligué a un mesero del bulldog sólo porque se parecía a Braulio Luna. En otra ocasión le pedí un autógrafo a Scoponi en un restaurante porque era el tipo del momento y cuando fui a tomar unas fotos a un estudio ignoré por completo que había una sesión con Memo Ochoa al lado. En una fiesta afroantillana me besuquié al genérico de Oswaldo Sanchéz ¡era igualito! se aventó un choro de que la mitad del tiempo era futbolista y la otra mitad judas. Hubo un tiempo en que pensé que el Pichichi era el aparato reproductor masculino. Crecí odiando al América por culpa de los bandoleros con los que me juntaba que repetían hasta el cansancio “es puto, le va al América y lo festeja”. Aún así me hice de la vista gorda cuando un pretendiente me llevó al Estadio Azteca al palco de la Domecq a ver un partido. Por cierto nunca entendí por qué le cambiaron el nombre a Guillermo Cañedo y luego dicemimamáquesiempreno. Un día apareció Enrique Borja en la Enap y dicen las malas lenguas que para hacer una contribución. Todos los alumnos se imaginaban que podría una cancha de futbol. La primera vez que me prestaron el coche en la noche México clasificó a la final. Nunca pero nunca había visto celebrar a la ciudad completa de esa manera. Insurgentes era una cantina y todo era felicidad. Casi desmadran el coche porque una ranfla de cabrones se puso a probar los amortiguadores mientras gritaban: nos vamos al mundial, nos vamos al mundial.

Confieso que era muy fan del brody porque hacía cardiacos los partidos y usaba uniformes rosas. En la prepa jugué fut en los descansos y recuerdo perfecto cuando fallé un penal porque le dí con todas mis ganas al piso y no a la pelota. Era muy pequeña para entender que hacían los hooligans pero no para aprenderme el gingle de México ‘86 (el mundo unido por un balón) y la canción de “el equipo tricolor tiene mucho corazón (caca en el calzón jijiji) y en la cancha lo demostraráaaa con estadio y afición nananananana orgullosos de ser anfitrión…” He estado en una final en el estadio de CU en la ultra y escuchar a miles gargantas gritar gol desde lo más profundo de su diafragma. Estuve presente cuando Goyo distrajo a la afición casi media hora para nadie se diera cuenta que no dejaban pasar al camión del ¿necaxa? Un tiempo fui cruzazuliña por culpa del güey que me gustaba e iba al estadio a cantar a todo pulmón “cruz azuul, la máquina es azul…” Fue karma. Durante dos años pasaba frente al deportivo cruz azul y en la infancia a vivía dos cuadras de las oficinas de cemento cruz azul. Moriría por conocer a Cristiano Ronaldo, Ballack, Batigol, Figo, Maradona y Zidane. Se me pone la piel chinita cuando se oye el cielito lindo clarititititito en la tele. Me da risa cuando el portero despeja y la afición del equipo contrario le espeta un puuutoooo. Me encanta ver las finales con mucha gente y ver golear (jejeje) a los pumas los domingos en la comodidad de mi sofá. Espero que en esta vida pueda ver a México disputarse la final de un mundial. Hoy aposté a que Pachuca resultaba ganador de la liguilla y podría apostar que ninguno tiene una foto con Zague como la mía.