Ayer me despertó un trompetazo. El vecino le llevó seranata a su señora. Qué cosa. Por un momento pensé que me la habían traído por lo cerca que se escuchaba. Me levanté de la cama y corrí al balcón cual novia de pueblo con el corazón agitado aunque en estado zombi. Sólo una pareja de polis estaban en la calle y ninguna señal de “canto al pie de tu ventana”. Era tan cerquita el sonido que escuchaba lo afinaditos que eran los músicos y llegué a pensar que el ingrato le había traído al Mariachi Vargas de Tecatitlán in person. Luego me asomé por la ventana y la única luz que estaba prendida era la de mis vecinos del piso de arriba. Mmmta está es la segunda ocasión que me toca presenciar el númerito. Cada cumpleaños, borrachera o metida de pata le trae mariachi a la dama. ¡Por Dios! ¿quién trae serenata en pleno siglo XXI y con crisis acuestas? además como la susodicha no tiene vista a la calle pues por qué no subirle los mariachis al piso y despertar a los vecinos. Medio borracha de sueño regresé a la cama pensando ahora son especies en extinción los que lo hacen.

Hoy hice una pequeña encuesta a la hora de la comida mientras el Barça se llevaba toda la atención. La mayoría dijo que nunca había llevado serenata y uno que otro puso cara de guácalas. Otros pusieron esa carita de juventuddivinotesoro y otros, creo que sólo uno dijo que había hecho completo el númerito. Mientras escuchaba la voz del cantante trataba de conciliar el sueño pensando en la vez en la que unas amigas y yo nos vestimos de jeans, camisa blanca y paliacate con sombrero para ir con grabadora en mano a cantarles a los fulanos que nos gustaban cuando ibamos en la prepa. No más no se armó porque ese día jugaba México y para nuestra mala suerte sólo uno estuvo en su casa además de una casa de plano la hermana ardilla nos corrió a huevazos. Trataba de reconocer las canciones y mi juicio decía que a estos mariachis no se los había levantado de eje central, sonaban demasiado bien. Estuve dando vueltas un rato en la cama pensando a qué hora se callan y mentando madres por la manera de despertar a la gente que trabaja al día siguiente. Poco a poco fui perdiéndome en los brazos de morfeo y me quedó claro que el romanticismo a muerto o por lo menos como Pedro Infante lo conocía. A duras penas te ceden el asiento en el metro y si te regalan una flor te mueres de la pena/incomodidad. Ni que decir de un poema, pones cara de ¿quédiabloslepasaaestegüey? y lo de la puerta del coche es impráctico. Ash, maldito vecino si supiera que a mí nunca me han llevado serenata.