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Debí haber tomado en serio la profesión de actriz dramática pensaba mientra me enjugaba las lágrimas y caminaba al lado del tipo que sostenía un medidor de luz. El sólo hecho de pensar que tenía que lidiar con burócratas descerebrados me daba una absoluta flojera pero era un asunto inevitable. Después de todo no quería ir a la cárcel por tener conectada mi luz con un par de diablitos. Todavía tenía fresco el recuerdo de la mañana completa que pasé haciendo un trámite que me solicitaba la arrendadora para regresarme el depósito. A fin de cuentas todo se reduce al cochino dinero. Igual papi Slim debería de comprar la compañía de luz para que desbancara a Telmex entre las más demandas.

Las oficinas son costrosas y deprimentes al igual que los empleados. Ese día me atendieron tres tipos. Uno con cara de patán me rasco los huevos todo el día y luego me huelo la mano que al momento de mi turno me dijo que esperara a que se desocupara el compañero porque su jefe le acaba de pedir una misión especial, ajá, lánzate por mi café y mi torta de tamal o el de ahorita vengo me echo una chelita y regreso. Esperé a que se desocupara el cara de teto todavía vivo con mi mamá, uso cuello de tortuga con chalequito de lana peruano. Pasé de inmediato cuando se fue la persona anterior. En las oficinas de gobierno uno tiene que ser proactivo y apersonarse antes de que el servidor público se vaya a desayunar. Obvio me preguntó que por qué no me había atendido el colega. Le puse jeta de haztutrabajohuevón y sí, lo empezó de mala gana. Era un trámite sencillo. Baja y alta de contrato, voilà! Tecleó en una máquina de escribir que debería pertenecer al museo de artes y oficios, si existiera. Me pidió los papeles, se iba y regresaba y en una de esas me dijo que tomara asiento.

No sé cuánto tiempo pasó pero fue el suficiente como para darme cuenta de la vomitada de programa matutino de tv azteca que pasaba para entretener a la gente. No puedo creer tanta estupidez. Mi paciencia comenzaba acabarse pero como tengo historial maligno en las oficinas de gobierno decidí que era mejor ponerme a leer el libro que llevaba para apaciguar a la fiera. Regresó el hombre puñetero porque el anterior ni sus luces fue entonces cuando vislumbre problemas futuros. El tipo desegurolotengochiquito me hizo pasar con otro compañero regordete para liquidar las deudas y hacer el nuevo contrato. El tipo renegaba de su trabajo y del colega que le había aventado la bolita. Cuando terminó de atenderme le pregunté que si no me quedaría sin luz. Obvio me dio el avión y me despachó para de seguro irse a terminar la chela. Finalmente después del medio día termine el trámite pero algo muy dentro de mí me decía que no sería la última vez que les vería la jeta a los costrosos de la luz.

A lo mejor lo invoqué pero pasó lo que tenía que pasar por la ineficiencia de los burócratas mevengoendosminutos, me cortaron la luz y retiraron el medidor. Hoy tempranito me mentalicé y dije me dije a mi misma ‘de hoy no pasa’. Salí con la frente en alto rumbo a la oficina del terror. Para mi suerte había poca gente y tomé mis turnos. Siempre tomo dos por elnoteentumas. Me atendió el tipo regordete y comenzó a cagarme por los trámites que había hecho. Entonces le dije que habían sido ELLOS los que lo habían hecho que no me saliera con mamadas. En ese instante supe que era momento de actuar o se iba convertir en una pesadilla. Le dije que cómo era posible que no supieran hacer su trabajo y comencé a pegar de brincos en señal de enojo y a levantar la voz. No tenía ni idea de la que se le venía. Obvio le sorprendió que una mujer hiciera berrinche de niña. Me dijo un par de cosas mas y me deje ir. Comencé a sollozar en voz alta con los brazos cruzados en el mostrador y luego a llorar con tanto sentimiento que Libertad Lamarque me hubiera puesto estrellita en la frente. Me llevé las manos a la cara y buscaba forzar el llanto para darle credibilidad al asunto. Por fin salieron las de cocodrilo y fue in crescendo. Acto seguido vino la hiperventilación y el sonido que emiten las profesionales del drama. Silencio y asombro absoluto. Escuché una voz que me dijo que me calmara y ya no podía parar. Temblaba y lloraba profusamente.

En ese instante levanté la vista y vi al tipo lelamoloshuevosamijefe. ¡Fue tu culpa! le gritaba. Tú hiciste mal mi trámite y ahora por eso me cortaron la luz además me aseguré que se escuchara hasta Palacio Nacional. El tipo meacabodecagarpadentro abrió los ojos horrorizado como cuando descubrió a su vieja con otro güey en su cama. En ese instante me pidieron que me tranquilizara y que resolverían mi problema. Para evitar más escándalo me pasaron a la oficina del gerente para que me sentara y respirara. Me ofrecieron agua y una solución inmediata. Los empleadillos se asomaban a la oficina del patrón como cuando se descubre por primera vez a un animal furioso con una especie de miedo y curiosidad. Lo que pasa es de que su OC entro antes bla, bla, bla… ya no escucha sus disculpas y dentro de mi trataba de bajarle a mi teatro porque lo había conseguido.

Mientras me escoltaba el señor que instalaría en ese mismo instante mi medidor de luz pensaba en que han sido contadas las ocasiones en las que he usado mi arma letal de moco dramonil y lo decadentes que me parecen las señoras histéricas a pesar de que me había convertido en una. Me tomó media hora arreglar el problema. Al fulanito de la luz le tomó dos minutos instalar mi medidor y uno ofrecer disculpas por el traspapeleo y las inconveniencias. Volví a pensar que sería bueno meterme a clases de teatro otra vez y si hubiera premios para la mejor actuación dramática en un oficina de gobierno hubiera dejado a Pé (nelope Cruz) en ridículo.