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Maricones, maricones, lo que se dice maricones, no son. Ninguno salió despavorido ante el diluvio que cayó en pleno festejo de la XXI marcha del orgullo gay. He visto hombres paniquearse ante una abeja y mover sus manitas como avispas y salir corriendo para el otro lado. No que no sí que sí, ya volvimos a salir, canturreaban los muy pero muy mojados respresentantes de la comunidad gay. Cualquiera diría que Tlaloc es homofóbico porque les patrocinó la mejor lluvia del año, con granizo incluído. Dicen que al mal tiempo buena cara y si del cielo te caen limones, haz limonada por eso los chic@s festejaban al son de “el que no brinque es buga”. La plancha del Zócalo se convirtió de nuevo en Tenochtitlán los asistentes multicolor disfrutaban pateando el agua y bailando como rito al dios de la lluvia mientras el maquillaje y el peinado les quedaba peor que villana de telenovela desgreñada. Y sí, es un drama que se te bajé el peinado después de invertirle horas en hacerlo, ni que decir del maquillaje con lo que cuesta que quede impecable pero poco importó porque el ánimo parecía no decaer aún cuando llovía copiosamente.

Los empapados marchistas gritaban que querían música. ¿Qué no ven películas? Electricidad + agua = electrocutón. Poco a poco fue llegando el contigente que venía atrasado y se incorporaban a la aquazócalo party. Hacía tanto que no me mojaba de esa manera y por un segundo, mientras caminaba sobre 20 de noviembre tomándole fotos a los resguarecidos, estuve a punto de aceptar la petición de ‘mucha ropa, mucha ropa’ que gritaban los paseantes. Ñeeee, nanai, nigüas, ni maíz ¿y si se me lanzaban las del club de Safo? y lo peor, capaz que me gustaba. Lo cierto es que la lluvia no imposibilitó que la fiesta explotara aún cuando los animalitos del señor titiritaban de frío y homenajeaban a Gene Kelly en una versión bizarra de bailando bajo la lluvia. Una marcha para recordar.