Desde hace tiempo andaba con la idea de retomar la natación supongo porque me trae buenos recuerdos y es el mejor antídoto contra el estrés y el insomnio. Cuenta la leyenda que el abuelo metió solicitud para entrar al Deportivo Chapultepec, al cual asisten los honorabilísimos miembros de la banca, y lo aceptaron como particular 10 años después. Durante mi infancia y adolescencia me la viví en sus instalaciones especialmente cuando había cursos de verano. Probé cuanta clase pude. Hawaiano, badmington, jazz, aerobics, basquetbol, volibol, tenis, chachachá, mambo, karate y manualidades pero nada me producía tanto placer como el agua. ¡Oh sí! nadar era el paraíso. Me podía quedar horas en la alberca hasta tener ojo rojo pacheco patrocinado por el cloro y salir hecha una pasita. Cuando me daba frío me cambiaba a la poza de clavados y nadaba hasta el centro para flotar panza arriba viendo al cielo. Me hipnotizaba ver cómo los clavadistas desafiaban las alturas.

Cuando cumplí 25 me dieron patada en la cola por no pagar la titularidad que costaba mi edad con tres ceritos a la derecha por dos. Por favor ¿quién tiene esa lana para gastar a esa edad? y si la tienes prefieres consumirla en viajes, ropa, un auutoooo, tintes para el cabello, cirugías estéticas (ah, no verdad) además la prioridad había cambiado. Lo que realmente me hacía feliz era ir a los antros y ligar, no estar en un club de viejitos matando el tiempo. Las consecuencias llegaron mucho después cuando el desmadre nocturno se fue minimizando y el cuerpo comenzó a pasarme la factura por la falta de actividad física. Así que después de mucho tiempo de haber llorado por el par de albercas olimpícas del chapultepc decidí inscribirme al sport city. Me dio codo pero es de los pocos lugares que tienen piscina chiquita pero bonita y ya no podía más con las ganas de sentirme de nuevo la reina de los mares.

¿Por qué no hacen las toallas más grandes y esponjositas? La toallas de los clubes están diseñadas para tapar justo debajo de la nalga y poquito antes de que el pez más sexy, monsieur le pezón, se asome y diga bonjour. Tenía fácil como más de cuatro años de no pisar un vestidor de mujeres. No he tenido el gusto de conocer a Mr. Pudor. En general me siento a gusto con mi cuerpo tanto que utilizo la toalla para la cabeza y no para tapar lo que todas tenemos. Total, si alguien tiene algo de mas que lo lleve a la ciencia. Me acostumbré a ver carnes de todos tamaños y formas desde niña así que nada me espanta aunque hay casos realmente asombrosos. Los pasillos de los casilleros son estrechos y no hay más que vestirse ahí o ir a buscar alguno de los tres cubículos con puerta. La experiencia de ver otros cuerpos se traduce en voyerismo viboril: acto reflejo de fisgonear con acotaciones mentales.

Ay dios! Una podadita al changou no le caería nada mal, pobre hombre el que le hace las chambas. JA! Lo sabía, sus mallas dry fit hacen lo propio porque sin ellas se le ve la celuuuu. Iiiuuuu, alguien tiene una citaaaa y se está poniendo ¡ay no! una tanga de encaje morado con una tirita de ¿zebra? Buen cuerpo pero le falta chichi. Alerta roja, alerta roja trasero enooooorme a la vista. ¿Qué pedo? se metió a bañar vestida o por qué tanta ropa colgada. Ándale, a esa si le daba. No puedo creerlo, hay que presentarle al todo poderoso señor rastrillo mira na’ más qué pelotes . Ash, por qué se ve tanto al espejo ni que estuviera tan buena. Huy, esa le gustaría a un amigo que tiene fascinación por las flaquitas chichonas. Le urge cerrar el pico y hacer horas de abdominales. Ya tenemos ganadora de la areola más grande del lugar. Seguro tiene marido rico porque para estar así se necesita vivir en el gimnasio. Para cuando terminas de vestirte ya recortaste a todas las que se te pusieron enfrente. Si pusieran un altavoz de pensamientos podría apostar que todas las ahí presentes tuvieron cuando menos un par de opiniones sobre el cuerpo ajeno.