Lo primero que vi fueron sus brazos musculosos bronceados. Me dio la mano como lo hacen los hombres, fuerte y firme. Palomita. En cuanto se acercó pude detectar un aroma agradable no era armani ni hugo boss era algo como con coco. En el archivo secreto de olores que me provocan está el coco. Bronceado + coco = lanchero, digo playa. Se levantó de su asiento para saludarme. Caballero, muy bien, palomita. Voz grave cachonda, grrr, triple palomita. Se dio la vuelta y pude ver un lindo y redondo trasero en esos pants. Uttsss ya llenó la planilla. Me miraba fijamente a los ojos. Le sostuve la mirada y le examiné el rostro. Boca carnosa, linda sonrisa, ojito pajarito, copete de johnny bravo de chocolate mientras seguía hostigando a las niñas de mis ojos. Tuve que ver para otro lado porque estabamos tan cerca y yo no podía mas que imaginarme saltando a su brazos, colgándomele del cuello como koala mientras le hacía un minusioso enjuague de anginas. A veces me pregunto si los hombres se darán cuenta cuando los deseamos aquí y ahora. No estoy hablando del sentimiento de me gusta sino del llamado de la selva. Yo Jane, tu Tarzán. Vamos a jugar con tu liana en mi cueva. Ash, y luego para acabarla de amolar en el gym hay todos esos aparatejos de posturas sexosas que no pude sacudir de mi mente pura y casta. ¿Se dan cuenta cuando nos los queremos merendar/comer/desayunar/almorzar/cenar?