Estabamos a punto de atravesar Madero y Motolinia Elvis, Pinole y yo mientras esperabamos pacientemente a que los coches nos dejaran pasar. Todavía venía digiriendo el hecho de haberme topado dos veces de frente a la ex reina de las pistas de atletismo convertida ahora en funcionaria. El semáforo se me hizo eterno y mis perros se empezaron a poner ansiosos les tuve que ordenar que se sentaran de nuevo. Cuando lo hacen parejito se ve apantallante lo que llamó la atención del chico de al lado quien también esperaba a que los automovilistas nos dejaran pasar. Vio a los perros y luego me vio a mi. Le sonreí con un sentimiento de empatía de compañeros del mismo dolor de a ver a qué hora nos dejan pasar estos hijos del volante. Sonrió de vuelta se acercó y me dijo “tus perros muerden”. La verdad es una pregunta que me hacen seguido y en un principio decía que no pero ahora me da por jugar con sus angustias. Sí, le contesté y le vi toda la intención de continuar la plática pero era ese momento o hasta el siguiente semáforo que podíamos atravesar.

Llegando a la otra esquina mi canes comenzaron a olisquear todo mientras caminaba viendo que mis ovejas no se me descarriaran noté que el chico que me había interpelado antes de cruzar la calle venía muy cerca. Me dio mala espina. Hubo algo en él que me dejó intranquila quizá fue la última pregunta que hizo antes de atravesar: ¿tus perros matan? What? ya no le contesté sin embargo me percaté que caminaba a la par de nosotros y empecé a prender todas las señales de alerta. Lo bueno es que todavía había mucha gente y comercios abiertos. Por suerte sonó mi teléfono y me hice güey afuera del Pasagüero dando vueltas en círculos y esperando a que Pinole y Elvis absorbieran todo lo que encontraron a su paso entonces vi cómo se fue alejando y mi tranquilidad regresó pero no lo perdí de vista. Colgué y ¡oh sorpresa! venía de regreso en dirección a mí. Me hice la que seguía hablando con la Chiquis Corcuera pero eso no lo detuvo para plantarse frente a mi y con ese temple que tienen los toreros soltó la escalofriante pregunta como estocada.

Bajé el teléfono porque no salía de mi asombro. ¿Cómo que vamos al hotel? Ándale insistió. Juro que estuvo a dos segundos de carcajearme pero de nervios. Lo que siguió fue todavía mas hilarante. Traigo dinero para pagarte. Pfff y recontra pffff. La respuesta volvió a ser la misma. Nel. Aunque para ser honesta en tiempos de crisis hay ciertas propuestas que deben considerarse además tengo un sillón que retapizar. Era bajito y llevaba una playera blanca, mochila, jeans y gorra aunque no recuerdo bien su cara porque la gorra y la luz le hacían sombra pero no era horripilante. El hombrecillo seguía plantado frente a mí esperando a que reconsiderara la oferta y volvió a preguntar con aire Pedro Infantesco no más no le agregó el “chaparrita” por obvias razones. Ándale, en serio traigo bastante para pagarte. Okey. Entonces la Deyanira Rubí interior casi me hizo soltarle y cuánto es eso? pero equivaldría a casi aceptar la propuesta indecorosa. A juzgar por su vestimenta y aspecto yo diría que estaba a punto de gastarse la quincena conmigo. $2500? maomenos en qué 10 minutos? ajajajajjaja pero capaz y me salía de esos que no se vienen ni aunque les ruegues porque ya te duele todo el chocho de tanto tilingo lingo. Pensándolo bien si me hubiera dicho que 300 pesitos hubiera salido abollado el ego y ofendida la mexican puritan girl interior.

El chaparrín estaba claro en sus objetivos y al parecer no iba a desistir tan fácilmente. Fue cuando tuve que sacar el pecho, echar hombros atrás, levantar la quijada y llamar a Elvis & Pinole para echarle montón. ¿Me viste cara de puta o qué? Juro que si me hubiera dicho que sí hago cita para que al día siguiente hicieran la lipo y boob job para cambiar de profesión y ahora sí comprarme un terrenito en la riviera maya en vez de quemarme las retinas frente al monitor. Entonces no? que no y no y no y no. Chale. El No puede parecer un quien-sabe-tú-ruegame para algunos hombres. Péssssima costumbre y sí, la culpa la tenemos la mujeres. Zaz. Dio la media vuelta y se lo comió la negra noche. La verdad es que es la primera vez que me hacen una propuesta indecorosa callejera. Ustedes ya vieron la foto no era mi mejor día. Entonces recordé a la española que conocí en Zacatecas y me decía que ella venía de un pueblo en España en el que la gente en la calle se saluda y sonríe pero que notó que en México las sonrisas a diestra y siniestra le había traído ligues y propuestas indecorosas ¿será? Una sonrisa a un desconocido es una invitación a la acción?

P.D. Hoy volví a ver a Ana Guevara en el paseo dominical ciclista. No sé si trataba de camuflajearse con los demás ciclistas pero traía unos pants duraznos con una chamarra naranja Nike por supuesto, pero lo que hacía que la voltearas a ver era un perrito peludo muy escandaloso en la canastilla. Yo pensé que tendría un doberman o un gran danés. Moraleja: No juzgues al libro por su cubierta.