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De pronto me vi rodeada de chamacos que me asediaban con preguntas y tocaban el cristal. Tuve a mal bajar el vidrio del coche y de pronto entró por la ventana una pulserita tejida y como si fuera papa caliente la regresé. “Es un regalo, es un regalo…” me repetía una niña que traía cubierto el brazo de cinturones tejidos y me la enviaba de vuelta. Tan pronto bajé del auto sentí que el frío era de primera calidad. Cual Goliat me vi rodeada de personitas que apenas alcanzaban el metro pero que querían todo de mi. Me regala eso mientras señalaban a la Hello Kitty viajera que me regaló mi hermana. Eso también dándome cuenta que ahora el objeto del deseo eran mis arracadas de oro. Los Oompa Loompas de la sierra difícilmente sabrán que es una Hello Kitty pero el oro ha destruido civilizaciones. Así me recibió San Juan Chamula. Hacía tanto frío que había olvidado que en Tuxtla Gutiérrez andaba en shorts y tank top. La cereza del pastel fue la lluvia que parecía como si te estuvieran echando agua con un rociador a la cual me referiré como lluvia jodona. “Los regalos no se regresan” me decía la niña de los cinturones que no había abandonado la idea de venderme uno mientras pensaba que hay regalos que te comprometen y así me lo hizo sentir en todo el tiempo que fungió como mi sombra. Fascinante el pueblo de San Juan Chamula.

Dicen los chamulas que cuando les tomas fotos les estás robando el alma. Aún bajo la advertencia que varios me habían hecho decidí sacar el arma con obturador que hace click. No hubo reacciones de hostilidad. Es extraña la sensación de estar invadiendo un lugar al que no perteneces porque para empezar el dress code no es el adecuado. Me quedé maravillada viendo los trajes de pelos con los que los chamulas se protegen de las agresiones del clima hostil llamado comunmente pinchifrío de inmediato tuve ganar de tener uno. Es como un gran tapete de pelos negros que no me atreví a preguntar de qué animal proviene. Los de PETA estarían muy irritados. El ir y venir de las mujeres llamó mi atención. Cargan una cantidad de cosas para su complexión mientras observaba cómo los hombres metían los brazos adentro del poncho peludo y veían la vida pasar. ¿Uh? o sea cómo las mujeres trabajan mientras los hombres les echan porras? Previo al pago del boleto y una firma para obligarte a no tomar fotos adentro del templo entramos a la iglesia. Ufff, alucinante. El clima cambió radicalmente. El calor de las velas cobijaba de inmediato. Es difícil explicar lo que ves al interior. La gente en el suelo cubierto de ramilletes de pino vikingo y los santos que tienen un rictus teatral con todo y cara palida y mejillas rosadas tipo Heidi. Recorro el recinto mientras me clavo mirando cómo acomodan las velas delgadas y largas de diferentes colores mientras me hipnotiza el sonido de los rezos tzotziles. Me pregunto qué papel juega la fanta de naranja o el refresco que acompaña a los fieles sentados. Noto que del cuello de los santos en vitrinas cuelga un espejo y que queda a la altura de mi cara. Eso que parece agüita es el mismísimo posh, licor artesanal a base de caña, en persona y mis ojos se desorbitan cuando veo que una madre le da de beber el elixir a una bebé que todavía no alcanza a sostenerse sentada.

De vuelta al exterior se encuentra el temible frío y !oh sorpresa! la niña de los cinturones a la cual agobio con preguntas retóricas sobre los regalos. Me dijiste que era un regalo pero quieres algo a cambio entonces no es un regalo porque no lo haces desinteresadamente. Si yo te regalo una sonrisa ¿tu me la regresas? Consigo ahuyentarla momentaneamente mientras el tronido de un elote hace que mi estómago exija la gastronomía local. El olor de un elote tierno al carbón es evocador. De la nada sale un chamaco chamulita para pedirme otra cosa que no alcanzo a descifrar. Wadendo. ¿Un cuerno? respondo. Medagndesospadunguadendo. Pufff a ver subtítulos por favor. Después de afinar el oído consigo descifrar el código. Quiere diez pesos para un cuaderno. Me le quedo viendo fijamente y noto un moco verde que le escurre y su pelo negro puercoespin con gotitas de la inchilluviajodona. Compro un par de jaguares de barro y el niño sigue a mi lado entonces lo someto al interrogatorio. Pa’ qué quieres 10 pesos, cómo te llamas, en qué año vas, dónde están tus papás, bla, bla, bla.. Bueno, ya te lo ganaste por soportarme. Le doy diez pesos y me pide para una pluma. Ah no, esa que te la compre alguien mas. Me doy la media vuelta y admiro la vista del tianguis desde las escaleras junto a una estatua que de inicio pensé era un pirata pero resultó ser un hombre con traje típico chamula. El monumento se lo deberían hacer a las mujeres que hacen toda la labor. Inchishombresgoebones. Cuando estaba a punto de retirarme noto que el chamulita moco verde se encuentra efectivamente en el local de enfrente comprando un cuaderno. Casi sentí una cachetada de esas que te da la vie. Ay Dios, se me hizo nudo el estómago. Yo pensé que el dinero lo destinaría para los padres negreros o para las maquinitas o que guardaría para otro abrigo de pelos pero me quedó claro que era para lo que él había pedido. Me sentí tan miserable que ya no pude decirle que viniera y que le daba para los cuadernos hasta que acabara la primaria. De la nada sale la niña marchanta que estaba obsesionada con venderme un cinturón porque me había hecho un regalo. Mientras me mostraba los colores y modelos intenté tomarle descaradamente una foto a unas gallinas negras. Soy chica de ciudad cualquier animal que no sea perro, gato, ave o cucaracha es digno de una instantánea. Son 20 pesos ¿por las gallinas? pregunto, no, por la foto. Osh, el alma tiene precio.