Estaba dándole zapping mientras pasaban los comerciales del horario nocturno cuando un mamado hizo que mi dedo se engarrotara y detuviera su frenética búsqueda. Ya saben lo normal en comerciales para adultos “sufres de impotencia, se enoja la ñora porque no mas no le cumples, una vieja buenísima en tu cama está esperando a ver a qué hora le das”. Normal. Corte a: Mujer ensabanaba miraba al muchachote atormentado en calzoncillos sentado en la orilla de la cama en posición de El pensador de Rodin que tenía el pelo impecablemente ¡planchado! y la ceja, sip adivinaron, depilada complementada con un gesto patético de no levanto al pajarito ni cuando dicen ‘chis’. Con razón no se le para pus si ¡no le gustan las mujeres! Así ni con yumbina, pastillita azul y litros de alcohol se le olvida lo joto. Parecía un promo del machote con lavadero de acero que, sin temor a equivocarme, es el novio del productor o del cliente. Hasta la mona mas mensa se daría cuenta a tres kilómetro que lo que al monito le gusta es la verdura. Lo que me llevó a pensar que igual y siguiendo la fórmula de las revistas, el papichulo estaba tan pero tan bueno que, seduciendo al gay interior de los caballeros, iban a salir corriendo a comprar esa pócima para tener la mazacuata así, bien venenosa. Moraleja: si vas a poner a tu novio de modelo de comercial antiflacidez no le planches la greña, le depiles la ceja y le pongas brillito en los labios. He dicho.