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cildo

Objetos rojos, obsesiones pop, geometrías, el tiempo suspendido. ¿Qué habrá en el misterioso cuarto del que todos salen con tapabocas? Me formo y tardo casi una hora en entrar, dejando siempre las cosas al último pensaba. El chico de al lado se entretiene con su blackberry yo con mi libro. Hace frío y todos están enchamarrados. Es una gran congeladora. Muros de concreto y espacios altos. La torre de música me pareció fascinante. Flash por aquí flash por allá. Trato de no hacer entripado me lo he prometido a mi misma. Gente irrespetuosa por eso el país está como está. Sólo ven para su propio beneficio. Han ignorado por completo las instrucciones de los custodios sobre las fotos sin flash. Las consecuencias ya las sabemos. No camaras allowed. La gente se turna en la fila para poder ir a ver mas de la expo mientras cambio el balance de mi cuerpo para aguantar de pie. El chico frente a mi ha resistido los ataques de su compañero “ya vamonos güey, para qué quieres entrar, tengo hambre” Aguanta los insultos de tipo sexual sentado en el extremadamente frío piso de concreto. Avanza lentamente. ¿Qué tanto hacen ahí adentro?

El piso compuesto por básculas del color de la bandera invitan a la concurrencia a balancearse. Un aquelarre compuesto por asado, maniquís y bailes cachondos. Brasil, ese pais con el que sueño recurrentemente. Tiran la toalla la parejita que viene con la mamá de alguno de ellos. Se han cansado. Es la hora de la comida y la fila crece y crece pero no avanza. Por fin me dan un cubrebocas. Al entrar se quitan zapatos, calcetines y se arremangan el pantalón a la rodilla son las instrucciones. Me ha tocado con un grupo de chicas adolescentes y el chico que valientemente esquivó los embates de su compañero. Es dificil renunciar al calor para quedarse con el piel expuesta al frío. Nadie nos recibe. Lo bueno es que me depilé. Si padece tal cosa y tal cosa abstencerse, se puede marear, etc. ¿Será peligroso? Las chicas presumen el aspecto libre de vellos de sus extremidades. Entramos. Todo está oscuro y al pisar la sensación de sumir el pie en algo totalmente desconocido. ¿Talco? algo parecido porque no huele a bebé. En verdad es frío muy frío pero trato de no pensar en ello. Tenemos prohibido jugar al interior. El ojo se acostumbra a la oscuridad y al final del pasillo se encuentra la luz. Tenue porque es una vela que resiste. Silencio. Caminamos lentamente. Nadie se atreve a soltar la primera patada cargada con el extraño polvo. Me recargo en la pared para poder tomar una foto. No tengo tanta estabilidad. Siento que el frío comienza a subir por las piernas. Es algo totalmente nuevo caminar sobre particulas suaves que se hunden en cada pisada ¿Si dan ganas de empanizarse? Yo digo que sí pero seguro la chica que nos ha prohibido cualquier acto vandálico, reprobaría nuestra conducta infantil. Estamos en un museo somos gente civilizada. ¿Nos vamos? Yo me uno a la moción. Al salir se convierte en un performance. Tratamos de sacudirnos el polvo que se ha pegado hasta lo más profundo de nuestro ser. Los curiosos se asoman por la ventanilla. Descubro que tengo polvo hasta por donde no. ¿Nos echamos un polvo? Le pregunto a la última chica en salir si tengo la espalda manchada. Manotazos por toda la espalda. Amo la bondad de los desconocidos.