Je suis celibataire. Estado civil que a mi edad parece ser mas pesado que la deuda externa. ¿Que si me quiero casar? Pus claro que sí. Eso de matarse de hambre para entrar en un vestido strapless entalladísimo mientras bailo con quien sabe quién y ver a mis cercanos brincar de cojito con un ridículo sombrero en la cabeza no se vive todos los días. Ni que decir de las flores, ¡ah las flores! y el pastel de cinco pisos con merengue mas el viaje en crucero al caribe o al fin del mundo. ¿Quién querría perderse semejante acto kitsch? Con lo que me gusta ir a las bodas. En algún tiempo tuve un par de conatos de casorio pero pus pura baba de perico australiano porque nunca vi la roca. Que tu y yo somos uno mismo, mi vida te pongo casa, perro, camioneta y jardín japonés. Sí, no lo niego hay momentos en los que la desesperación me ataca sobre todo cuando el mercado de la carne está mas devaluado que el peso y ando lamiendo los barrotes del metro. Luego regresa la cordura y las hormonas a su sitio y pienso que ese personaje que me hará/haré feliz está extraviado en algún lado y que pronto google maps me lo traerá a la puerta de mi casa.

No es que quiera al Carlos Slim Domit de marido y no considero que sea demasiado tikis mikis pero pasada la etapa del enamoramiento cuando ya no es ni tan alto, ni tan bien parecido, ni tan cortés, ni educado pero aún así te encanta y te la pasas bomba es miel sobre hojuelas, tanto que deciden que sus caminos, azarosos ellos, deben seguir por la misma tangente. Eso de encontrar a la media naranja tiene su chiste. No con cualquiera puedes estar en silencio y sentirte cómodo. Mi definición sobre el indicado es un cómplice que con un sólo gesto sabe si estás alegre, deprimido o excitado que cuando se ven a los ojos, se tocan su cuerpos y se besan sus partes sacan chispas.¿Ya tienen el paisaje completo? Sí, sí, ya sé tengo que dejar de ver pelis de Drew Barrymore.

Ay, el matrimonio tan importante para la sociedad y tan demode en estos tiempos. Todavía hay locos en este mundo cuya única ilusión es decir “sí, acepto” ¡oh sí! los hay. Hay veces que no les importa con quién total ya los divorcios también son exprés. Viven para encontrar a alguien con quien compartir los pedos: emocionales, económicos e intestinales. Resulta que por fin llega el/la peor es nada, domadora/carcelero con quien deciden pasar cadena perpetua y firmar ante el juez del registro. Imagínense que descubrieron que sus vidas no tienen sentido sin el ingrato que los hace reir hasta las lágrimas y con el que desean despertar todas las mañanas y disfrutar el gallo y la sábana tatuada en su mejilla. Ahora imagínense que su persona ideal es de su mismo género y que babean por ella y que ahora que por fin pueden demostrar (el mexicano se pinta solo para las muestras de cariño) y escribir su amor ante un juez, sale una bola de mal cogidos que les parece que todo ese tiempo que te llevaste en encontrar a tu terroncito de azúcar no puede ser reconocido antes las leyes del hombre y al parecer ni las de Dios ¿No es como para empalarlos, coserles la boca y sacarles los ojos? Ash, ya se me pegó lo intolerante.