img_8407

img_84271

img_8418

img_8452

img_8415

img_8424

img_8414

img_8428

img_8409

img_8439

img_8431

img_8437

img_8443

El síndrome de quijada al suelo es inevitable cuando entras al Hotel Geneve. Objetos pertenecientes a huéspedes distinguidos, zapatos de época, el libro de registro con una caligrafía preciosa, el gorro de Lindenbergh, el abanico de Virginia Fabregas, fotos de paseo de la reforma cuando sólo había carruajes y choferes con sombrero de copa es como traspasar el umbral del tiempo. El lugar huele a historia de un México chic & trendy que usaba corsé, pañuelos, pipa y guante. Es imposible no quedar maravillada con la cantidad de objetos que te encuentras al recorrer su vestíbulo. Por aquí pasaron personajes célebres como Julio Cortazar que en 1982 vino a afinar los últimos detalles con la editorial Nueva Imagen sobre el libro Los astronautas de la cosmopista. También solía venir con bastante frecuencia Porfirio Díaz incluso el día en que la revolución estallaba para aparentar que todo estaba en orden.

Así sin mas se aparece un traje de torero en una vitrina con la que dan unas ganas inmensas de probárselo y falorear un rato. Quizá no son los sillones, ni las flores, ni las cajas fuertes lo que llama la atención sino que el viaje al pasado sin escalas es genuino y gratis. Casi que dan ganas de ir a comprar guantes largos y un sombrero de ala ancha que haga juego con un lindo vestido ceñido con muchos olanes para tomar café en el salón. El phone bar da la impresión de que en la noche pueden llegar meseras con peinado bob enfundadas en trajes de satín negro y medias de red con un lunar falso cerca del ojo, sonreirte y tomarte la orden. Dan ganas de pasar horas sentado en el lobby mientras ves desfilar a los huéspedes. Curioso que este museo refugio haya cumplido 100 años y esté tan bien conservado. Quizá porque el propietario ha puesto énfasis en cada detalle para hacerte sentir en su casa. No hay dress code sólo un monito que te sigue como tu sombra por si decides que quieres llevarte un recuerdito a tu casa.