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Los festivales de música me dan tumultofobia. Siendo de una ciudad donde la gente se reproduce como Gremilins con agua y los aperramientos en el metro son cosa de todos los días prefiero evitarlos como vacuna contra la influenza. Tanto había escuchado sobre lo bien que se ponen y lo mucho que la banda se divierte que la curiosidad pudo mas. Un día llegó a mi timeline un link sobre un festival de música en el que habría un titipuchal de bandas con propuestas interesantes a precio accesible en las faldas de un cerro en Monterrey. No lo pude resistir. Mi nombre es Peligro y mi apellido el amor. Me dejé seducir por la sultana del norte que bebe litros de chamoy con cerveza, recomienda malls como sitios de interés, come la carne mas deliciosa de la comarca, ama el fútbol y confiesa que el cabrito es para los turistas.

Mejor escenario para un primer Festival de Música y Arte para todas las edades conocido en el bajo mundo del twitter como el #MtyMx no pudieron escoger ¡un auto cinema! Dos escenarios juntos nos iban a evitar la fatiga de salir corriendo a buscar al siguiente grupo. Como no tenía ni la mas remota idea de lo que iba a escuchar dejé que las sorpresas se multiplicaran. A lo mejor en un futuro diga, los ví cuando hicieron un concierto frente a tres gatos. Y sí, éramos tres gatos, dos misifuses, cuatros cheshires y una hello kitty pero eso sí, todos bien vestiditos con sus converse, ray ban de color rojo y trapito de american apparel. Probablemente el show que montaron los narcos días antes espantó a los hipsters además la mayoría de las bandas provenían del swsx de Austin. Yo ví dos festivales: el Emeteyeemequis y el Emtiguayemex. Uno fue la cosa mas relajada en clima soleado, puro cotorreo y buena vibra entre la mexicaniza y la gringuiza, vasitos de plástico cucos con el logo del evento, jajají-jajajá, intercambios culturales, agradables sorpresas musicales, camaradería entre los que pasaban el dato de quién tocaba y ver que los músicos se paseaban, regateaban y firmaban como si fueran tus cuates. El otro fue una mezcla rara de inexperiencia, falta de difusión, problemas en la frontera, sonido pa’ llorar, tres cuatro luces, cancelaciones de último momento, un frío quebranta huesos y seguridad aprueba de un niño de tres años.

Los que estábamos ahí confiábamos en la buena voluntad de los modernos mientras cruzábamos los deditos para que no hubiera ningún zeta indie al que le vinieran a interrumpir su gustito musical. El line up era tan impredecible como el precio de la gasolina. La frustración de los fanáticos y músicos que habían viajado kilómetros para ser vistos y escuchados se notó el último día del festival. Era como un sentimiento de ser los sobrevivientes a una extraña pero deliciosa experiencia indie en el norte acostumbrados a los gruperos y electrónicos. Si me lo preguntan lo único violento fueron algunas bandas soylanetaporquehagohartoruido y el canijo frío nocturno. Aplausos para los organizadores porque a pesar de las circunstancias no se rajaron y cancelaron el evento como Marcelito tengansunochedeprimavera Ebrard. Pongan changuitos para que el siguiente año se repita. Si este estuvo excitante no puedo esperar a ver el que sigue.