En dos minutos estamos desnudos sobre la cama. Hacemos un sesenta y nueva para entrar en calor. Siempre tien el bollo oloroso. Un olor fuertecito, nada sutil. Es mulata pero huele a negra. Riquísimo. No me puedo desprender. Nos damos lengua como dos diablos. Es fibra pura, tensa. Hizo gimnástica y bailó en el Palermo durante muchos años, una locura. Cuando la penetro se desborda. Dice todo lo que se le ocurre y nunca sé si es verdad o mentira. Sabe que me gustan los cuentos. Sus cuentos porno. Sube los pies bien altos. Se los agarra con las manos y me dice: «Dale haste el fondo, cabrón, cojones, préñame, así, tú eres mi macho, papi, me tienes loca. Cada día la tienes más gorda y más grande, así hasta el fondo, maricón, singao, hijoputa. Que me duela coño, que me duela» Yo empujo duro y cocho con el fondo de ella. Me gusta. Chocar una y otra vez. Templamos como dos salvajes. Como un potro y una yegua. Le escupo. Le echo saliva en la boca y se arrebata: «Sí, cojones, escúpeme, dame golpes , salao, yo quiero ser tu esclava, maricón, éntrame a cintarazos, quiero ser tu esclava, loco de mierda. Eres un loco, cómo me gustas, préñame, préñame. Échala toda, papi. Échala bien en el fondo y preñame, anda préñame.»

Ese fragmento de Animal tropical de Pedro Juan Gutierrez hizo que me carcajeara en el metro. Ya me imagino diciéndole a un güey, préñame. Seguro se le baja la erección. Me puse a pensar en cómo se escucharía mexicanizado. «Cógeme cabrón, métemela hasta el fondo, hazme un hijo así con tu riatota bien gordota. Que me cojas te digo. Así duro con tu pistolota, así hasta hacerme otro agujero, la siento en la garganta, ándale mi Pedro Infante, hazme unos chivos para hacerlos barbacoa en mi horno, quiero quintillizos». Bollo, pinga y temblar no estaban en mi diccionario sin embargo la próxima vez que se me antoje un cubano ya sé qué decirle a ver si se pone como loco. Si a usted querido lector le gusta la lectura sexosa para disfrutarla en el trayecto a su trabajo. No deje de saborearse este candente y oloroso libro.