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Eso de que gratis hasta las patadas es totalmente cierto y lo pude comprobar este fin. El costo que los hombres debían pagar para ser lanzados por los aires en Foro Sol era una buena dosis de patadas. Atraída por la posibilidad de flotar me fui acercando hasta donde estaba la acción. Una bola de pubertos gandallitas andaban como enjambre de abejas buscando a su próxima víctima. El panal era una enorme tela negra que sólo Dios sabe en dónde ha estado y a qué huele. “Esa de mo-ra-do, esa de mo-ra-do” En dos segundos la chaparrita ya estaba en la lona y los chamacos se arremolinaban. De inicio no entendí para qué. ¿No se supone que la tela tiene que estar en tensión para que se haga la magia? “Chi-chis pa’ la ban-da, chi-chis pa la ban-da”. ¡Madre Teresa de Calcuta! La cuota para que una chica desafiara la gravedad era flashear a los zanganos juveniles con las tetas. Negocio redondo. Patadas para los manes y taco de ojo con las chicas. Por lo pronto cambié de opinión y me quedé cerca de los castrosos para ver cómo pescaban a las presas. Bastaba estar bobeando o viendo el espectáculo para que ser devorado en cuestión de segundos por la turba y su trampolín de petatiux. Definitivamente era divertido y emocionante ver cómo atrapaban a los desprevenidos.

La maldad no conoce fronteras ni oficios así que pa’ pronto iba pasando el muchacho de los helados y un canijo le quita la charola y así sin decir agua va ya estaba colocado en la lona. Uno, dos y tres. Alla va surcando el cielo tropicoso del foro sol. Fue ovacionado por su desempeño y disponibilidad asi que pidieron ‘otra, otra’ y va de nuevo. Zoom. El muchacho de playera verde no opuso resistencia y como manda la ley cooperó y se puso flojito. Su actitud lo indultó de las patadas arrancando la simpatía de los presentes. Le aplaudieron durante su feliz regreso a la chamba. Así continuó la faena hasta que encontraron a un chavito de poco mas de una década de vida. Era carne de cañón y material para hacer mortal invertido por la ligereza de su cuerpo. Así fue. No sólo voló mas de lo que debía sino que la caída fue afuera del perímetro de la tela. Obvio todos se llevaron la mano a la boca, pusieron cara de yoteaseguroqueyonofui y cuando se levantó -aturdido por el changazo- le aplaudieron. De pronto vieron al de las chelas. Ya se habían tardado. El más alto de todos le apañó la rejilla de las cheves y el pobre ingenuo trató de alcanzarlas cuando se percató del peligro que corría. Se echó a correr y puso cara de susto, que digo susto pánico, eso sí no perdió las chelas de vista. Cuando vieron que se resistía fueron a llamar a otro elefante pero ni así lograron treparlo por lo que se ganó su muy merecido ‘pu-to, pu-to”. Mas vale aquí corrió que aquí quedó. Toda la tarde me estuve cuidando de no caer en la mancha negra pero de lo que sí fui víctima fue de un salpicón de lo que quiero creer era chela y no agüita de riñón. Aún así pude gozar de uno de los espectáculos mas deliciosamente deliriantes como la guerra de vasos voladores.