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Estoy triste. El viernes me avisaron que ya no me renovarían el contrato para seguir habitando el enigmático y agitado centro histérico ¿La razón? Una fiesta. Sí querido lector, una fiesta. La que decidí hacer con motivo de mi cumpleaños en agosto del año pasado y por la cual di previo aviso a los vecinos para que hicieran lo que tuvieran que hacer. Soplarse el ruido, hacer mas ruido, echarse unos tafiles o ir a la fiesta a la cual fueron invitados. Irónico. Siempre he tenido la idea de ir a la fiesta y no que la fiesta viva ahí sin embargo de vez en cuando hay que abandonarse a los placeres de Baco y convocar al aquelarre. ¿Hubo drogas? no ¿Balazos? tampoco ¿Orgía? ojalá. Los efectos especiales corrieron a cargo de CFE y sus instalaciones explosivas. Es más el baño tuvo saldo positivo. Ninguna guacareada. No creo que haya otra persona en el mundo a la cual le hayan negado la renovación del contrato de arrendamiento por culpa de una fiesta. Ya pedí mi expulsión de la casa de Slim Brother por escrito.

Siempre fui una inquilina ejemplar pagando puntualmente la renta aún así nunca es suficiente. Me parece que Slim no está conforme con ser el hombre más rico del mundo y por lo tanto quiere seguir siéndolo por mucho tiempo. Sospechociando yo creo que quieren aumentar la renta al doble como lo han comenzado a hacer con los nuevos inquilinos además de sacarse cuotas de la manga. En el México mágico en el que los niños se desaparecen en su propia cama, dos indígenas secuestran a seis agentes de la AFI y los candidatos a gobernador son narcos; los contratos no se renuevan por culpa de una fiesta. Bien, yo creo que ya es momento de decirle adiós al centro y agradecer los mejores amaneceres y atardeceres que se pueden ver en la ciudad, los maravillosos paseos nocturnos por calles vacías, el sonido de las campanadas de la torre latino y los increíbles fuegos artificiales patrocinados por Marcelito. Lo que viví me gustó y lo disfruté muchísimo. Se ha cerrado un ciclo y me esperan nuevas aventuras en algún rincón de esta ciudad. Por lo pronto lección aprendida: nunca hay que quedarse con las ganas, ni frustrar las fiestas por temor a que el inquilino que trabajaenlaempresadepapislim se queje y mas vale pedir perdón que pedir permiso. El muerto al pozo y la vivo al gozo. ¡Qué comience la fiesta!