img_5251

img_5260

img_5264

img_5268

img_5271

img_5272

img_5327

img_5336

img_5346

Mi primer impulso fue llevarme la mano a la boca y recular a toda velocidad. No estaba preparada para ver lo que ante mis ojos gritaba ‘te voy a causar pesadillas instantáneas’ o por lo menos movimientos estomacales innecesarios. Por morbosa. Sí, eso te pasa por venir a ver cómo torturaban los inquisidores a los herejes. Ándele. Cuando entré a la antigua escuela de medicina motivada por la exposición Cárceles de la inquisición, procesos y tormentos nunca esperé llevarme semejante sorpresa. La entrada a la escuela cuesta una linda sonrisa al vigilante, una firma en el libro de registro y una identificación. Antes de ir a meterme a los proceso y tormentos de la inquisición decidí merodear por las instalaciones. La arquitectura recuerda bastante al colegio de San Ildefonso. Este santo fue médico. El color de la escultura de San lucas hacen que casi se la compres y de contado. Y luego porque los doctores sienten que apagan el sol a pedos. Varias salas con instrumentos quirúrgicos del siglo pasado me hacían pensar que ya estaba en la sala de los instrumentos de tortura. ¡Qué cosas tan espeluznantes! Eso sí, los consultorios con muebles labrados y artículos varios hacen pensar que los doctores también tienen sus fetiches.

Todo iba bien hasta que entré a la sala de Ceras del siglo XIX. Como antes no tenían camaritas digitales ni manera de mostrarle a sus colegas los nuevos descubrimientos, los doctores se daban a la tarea de recrear los males que se les aparecían en el consultorio en cera. Pénfigo. Ah, mira que chistoso. Una pierna celulítica con manchas rojas. Yiac ¿qué es eso? y de pronto ¡BUAMP! extreme close up a los genitales con enfermedades veneras. Doble guachis con pelitos púbicos y toda la cosa. Sífilis, gonorrea y otras enfermedades tan visualmente desagradables que daban naúsea. Aquí es a dónde deberían traer a todos esos que insisten en omitir el condón. Puff. Salí a recorrer las otras salas tan interesantes como repulsivas. Justo por eso nunca consideré la carrera de medicina como profesión. No mas de ver tantita sangre se me revuelve el jugo gástrico. Fascinante el cuerpo humano y sus recovecos. Un salón repleto de sillas hermosísimas casi puedo jurar que son art noveau y que no saben lo que tienen. Creo que ya había hecho callito como para ir a ver la expo inquisidora. Ahí vamos. Me faltaba visitar una sala por andar baboseando en el mini jardín botánico que contenía el nombre de la planta y qué uso medicinal tiene. Vi la puerta y entré.

Ahí ante mis ojos en un cuarto oscuro se mostraba el milagro de la vida en tubos iluminados. La gestación de un bebé paso a paso. Impulso primeginio. Me llevé la mano a la boca y salí pegando un brinco. No estaba preparada para ver semejante cosa. Tome aire. ¡Qué diablos! Ya estás aquí y a rajarse a su pueblo. Aquí vamos de nuevo. Nop, no son réplicas son niños de adevis o wannabe alive. ¿Qué pedo? ¿Cuál habrá sido su historia? Es ahí donde te preguntas si podrías donarte a la ciencia. Conforme avanzaba quedaba mas y mas impresionada. Me sentía como en un laboratorio de experimentación o en la extración morbosa del mojo de austin powers. Simplemente fascinante. Se puede ver el sexo en 3D y sin ultrasonido. Un pedazo de útero con cordón umbilical me hacían tragar saliva desmedidamente. Qué mátrix ni que ocho cuartos. Vengan al encuentro con la naturaleza sólo para sus ojos. Honestamente después de ver los instrumentos de ginecobstetricia me quedaron cero ganas goeii de ir a ver torturas sin embargo el morbo pudo mas y fui. Si quieren ver algo kitsch y conocer para no repetir vayan. En la compra de la entrada proporcionan una audio guía que hace mas prolongado y tortuosa la expo. Para variar no dejan tomar fotos, quesque es inversión privada y no vaya a ser que la difusión de las imágenes les de ideas a la PGR pero les cuento que es como una sala del museo de cera del terror. Eso sí hay muchas encueradas.