





¡Fuchi! Huele a popó. Fue lo primero que pensé sobre la recién inaugurada azotea verde del antiguo ayuntamiento hoy oficinas de Mr. Ebrard. No me extrañaría que la regaran con agüita de riñón de burócrata. Cuando me enteré que el jefe de gobierno se dio a la tarea de enchular su azotea fui de curiosilla a ver si era cierto que te dejan pasar sin hacértela de jamón. Vengo a la terraza, le dije al ropero con traje que se encontraba custodiando la entrada y cuya cicatriz en el labio le daba un aire de mucha maldad. Es la siguiente puerta, me dijo. De nuevo puse mi cara de turista inocente y norteada. Vengo a visitar la azotea verde. Pásele y regístrese. El libro de visitas en el que me estaba apuntando fue rápidamente reemplazado por el que decía terraza. Tras pasar por la revisión de bolsa y el detector de metal recibí instrucciones para el acceso. Por el elevador tercer piso, izquierda y derecha hasta el fondo y hasta arriba. Súper. ¡Ay, qué emoción! Estoy en chez Marchelo y sin invitación.
Como soy una gatita curiosa opté por tomar las escaleras y merodear. En verdad es majestuoso el ayuntamiento, cerámica y piedra labrada, los patios son enormes incluso había un escenario con un gigantesco logo supongo que tuvo evento el día anterior y por eso lucía todo tan tirado. A veces dejo salir a la suegra guante blanco interior. Maderas arrumbadas junto al baño y artículos fuera de lugar. Tu casa es tu templo y refleja cómo estás por dentro me dijo una vez una maestra. Me sorprendí mucho cuando noté los botes con separación de basura. ¡Qué bien! Poniendo el ejemplo. Mi corazón estalló de júbilo al ver que tienen unos tubos para estacionar las bicis. Emprendí camino a las alturas.
Las escaleras centrales te reciben con la carta del patrimonio de la humanidad. Por un momento pensé que vería las llaves de la ciudad. Una campana que fue tocada en el 2006 con motivo del grito de independencia estaba colocada en el pasillo del siguiente nivel. Así que aquí se toman las decisiones sobre el futuro de la gran Tenochtitlán. Las puertas abiertas de las oficinas dejan ver un poquito de la vida burócrata. A diferencia de muchas otros lugares de trabajo aquí reina la calma, no hay agitación ni gente corriendo de un lado a otro y casi podía jurar que el gato no estaba presente porque los ratones andaban muy a sus anchas. A menos que estuvieran escondidas en las macetas no vi cámaras de seguridad. Marcelo tiene la consciencia tranquila. Por fin logré encontrar las escaleras que me conducirían al jardín prohibido.
La modernidad llegó a las alturas. Las escaleras de caracol rojas y metálicas anuncian la entrada al rinconcito verde. El vigilante da la bienvenida. Sí, en efecto hay mucho verde pero yo esperaba ver plantas con flores de colores y una variedad exótica. Repartidas en varios niveles las macetas te hacen sentir en Babilonia de petatiux. Como que quiso ser pero no fue. No hay donde sentarse. ¡Qúe codo! aunque sea unas banquitas o algo para admirar el paisaje. Existe el proyecto de hacer una cafetería me dijo el guardián de las plantas. ¿Y cómo para cuando? Sonrió y encogió de hombros. La vista al Zócalo es espléndida lástima que tenga un mono inflable horripilante de una marca de yogurt. Expo Zócalo presents. Dígame la verdad ¿el señor Ebrard viene seguido a tomarse un respiro? Para serle sincero desde que la inauguró la no se ha vuelto a asomar confesó el guardia. Me lo imaginé. Cómo ya me tenía mareada/asqueada la peste a baño de gasolinería de carretera decidí marcharme no sin antes ir a mi arbolito a los sanitarios estilo Miami Beach de la flamante azotea verde.
Miss Polainas
Chilango City
Amante de la vida cotidiana, apasionada del arte en sus múltiples formas, exploradora de nuevas formas de vida. Ex campeona en cazamuñecos.
Héctor
agosto 26th, 2010 at 12:49 pm
“…te hacen sentir en Babilonia de petatiux”, amé esa frase Güerotix.