img_6720

img_6723

La tierra de Peña Nieto cada día me sorprende más. Todavía no acabo de digerir el asunto del translado en los autobuses más apestosos, caros y con cristos ensangrentados que haya experimentado en mi corta existencia sino que Mr. Gaviota construye arte posmoderno vanguardista como legado para los mexiquenses. Qué torres de satélite ni que Celia Lora en la cárcel. Una escalera al cielo. Poesía pura. Cuenta la leyenda que al llegar al último escalón levantes la vista al cielo, eleves tus plegarias, le mandas un besito a la del espectacular mientras das un paso y gritas: quiero un iPhone cuatrooooooooooo y se te cumple.

Para los más valientes existe una modalidad mucho más arriesgada que la captura de la Barbie y mucho más efectiva que una caja de Viagra. Consiste en pararse de espaldas, extender los brazos a la Rose en Titanic, hacer el cuatro como cuando los del escuadrón antiborrachos comprueban el grado de ebriedad del conductor, ver de nuevo al altísimo y brincar haciendo un mortal invertido con grado de dificultad 4 y gritar: la quiero tener bien grandoootaaaaaaaaa. (psss, la nómina por ejemplo) Funciona el 100% de las veces. Yo digo que no hace falta instalar en Reforma una piscina mejor traigamos a los medallista p’ aca al fin que ya está la infraestructura y como hay unos charcos de miedo, le ahorramos otro pellizquito al herario con motivo de los festejos bicentenarios. Yo digo.