Caminaba aprisa pensado en que así podría quitarme el frío y alcanzar el non solo panino abierto. Ya estoy abuela, no haberme quedado a ver a NIN, era un signo de chochez treintañera. Un grave error sobre todo porque siempre quisé escuchar ‘closer’ en vivo. El hambre y el frío pudieron más. A lo lejos vi la luz, sip, estaba abierto. Al entrar al restaurante descubrí una mesa enorme, a lo mejor por eso estaba abierto tan tarde. Alguien iba a festejar algo y por un momento dudé si había servicio pero se apareció la mesera y me dijo que escogiera el lugar que más me gustara. Había gente de pie con vino tinto en la mano y se veían puesto el tendedero para DJ. Escogí rápidamente un panino y una naranjada para contrarestar las Indios que corrían por mi sangre.
Traté de no ver a los invitados para no incomodar(me). Yo seguía temblando de frío y eché un pequeño vistazo para el taco de ojo. Había dos que tres ejemplares de buen ver pero uno en especial me llamó la atención. Tenía unos ojos expresivos y divinos además se me hacían super familiares. Me sonrió. ¡Buamp! Golpe al archivo de la memoria. Nudo en el estómago (vacío) instantáneo. Volví a verlo y lo reconocí. Uffff y triple uffff era el chico por el que goteaba baba, qué digo, llenaba cubetas de baba cuando era (soy) una adolescente calenturienta. Me hice mensa porque estaba en las mejores condiciones para espantar al sexo opuesto, sin embargo Mr. Hot volteaba a verme. Claro, yo pensé que definitivamente no me había reconocido y que sólo le daba curiosidad la mona que había llegado a interrumpir la celebración.
Me trajeron mi panino y en ese momento se acercó, me señaló y dijo yo te conozco. ¡Madres! monjas parroquianas de la puritititita castidad, ¡se acordó de mí! ¿Lover boy, papito chulo apachurro, eres tu? Okey, eso lo pensé. ¿Arturo? ¡Hola! Guau, cuánto tiempo sin vernos. No puedo describir la sensación (orgasmeante) que me provocó verlo. Di un salto cuántico a la méndiga adolescencia. El con sus converse, bermudas, gorra hacia atrás, haciendo ollies, yo… goteaba baba. En ese entonces representaba la mismitititita fantasía (sexual) de un novio guapo, sexy y con actitud. Se va oir nerd pero me encantaba su sonrisa que hacían juego con sus lindos ojos claros y sus hermosas piernas (peludas) bronceadas.
De regreso al 2008. El desgraciado está aún mejor. Cuerpo de “merezco aquí y ahora”, cero panza, patita de gallo sexy y bueno, la actitud perdona vidas sigue intacta. Luego me dijo, te dejo comer… ¡ay! y yo te quiero comer. Mientras disfrutaba de mis cochinadas mentales y mi delicioso panino de brie con jamón serrano y espinaca, lo escaneaba en baja resolución, claro con interrupciones para que no me viera demasiado urgida. ¿Por qué algunos hombres con la edad se vuelven sexys y cachondos? Arturo platicaba con sus amigos, yo me atragantaba el panino mientras trataba de acordarme por qué lo había dejado de ver o cómo nos conocimos, sólo recordaba que era el chico por el que provocaba inundaciones de baba en la colonia. Pedí el delicioso y azucaroso strudel de manzana con chocolate caliente porque a pesar de todo el frío podía más que mi calentura.
De repente se acercó y me dijo que hacía fácil cómo diez años que no nos veíamos. Nos pusimos al corriente. Soltero sin hijos, Dj y con crisis de los treinta… mismo caso sin lo de Dj. Platicamos y me di cuenta que no sabía nada de su vida, ni antes ni después pero que la casualidad y el encuentro habían sido totalmente afortunados. ¿Te acuerdas de fulanito? ¿y de sutanito? Viaje sublime al pasado pero definitivamente está increíblemente mejor el presente. Intercambiamos teléfonos, facebook (okey yo lo busqué) me dio un par de consejos y la pregunta es ¿me hablará?