

Existen los fans y los fans de Charly García. Había escuchado historias sobre si saltó a la alberca desde un noseque piso en un hotel o que hizo del dos, como me dijo mi amiga, sobre el escenario. El morbo me inundaba. El mítico Charly García rodeado de sus eufóricos fans entre ellos buena parte de expatriados sudamericanos, lo cual la pupila agradeció. El balcón del auditorio es un buen sitio para medir la temperatura. Ahí estabamos. Quizá motivados por los recientes acontecimientos sobre Cerati o porque a lo mejor el cuerpo de Charly ya no aguanta tantos debrayes y podría ser su última vez en México. Al apagarse las luces comenzó la histeria.
Los músicos salieron primero a calentar el escenario. El baterista se lució con la playera de estrella de la cual fui fan. El negro García López traía un look del cual podría jurar que era como un Rigo Tovar reencarnado. Charly atravesó el escenario con un caminar parsimonioso, chiquito, casi robótico. El característico bigote ya no era el mismo. Lentes con aumento, vestimenta chic y una sonrisa serena. Se instaló en el piano y no paró. Los fans lo arroparon como pocas veces he visto. Oe-oe-oe Charly. Nos recetó “gracias” en tres idiomas. Un fan se descamisó y brincoteó mostrando su pecho peludo y pectorales de gimnasio. Una señora con muchas canas bailaba/saltaba en las escaleras como adolescente y para el de seguridad era incontrolable. El fan mas pequeño fue un bebé de meses en pijama. Se movía a ritmo de la música y a veces se abandonaba en los brazos de un padre extasiado.
Charly ya no es el mismo pero sigue siendo él. Pateó la batería, tiró el micro, bailó los brazos causando un poco de ternura. Y cuando creíamos que nos ibamos a quedar con un apagón eterno en pleno “soy el que enciende y el que apaga la luz” regresó al piano. Entonando “Canción para mi muerte” que fue coreada por los eufóricos fans aún cuando Charly ayudado por su staff había abandonado el escenario. Según mi amiga ya no quiso salir porque a su edad las emociones son más intensas. No podíamos verlo llorar.
Güerotix es una heroina citadina. Sus armas son una cámara y un blog. Siempre en búsqueda de la situación curiosa y asombrosa. Clavada en las texturas aprecía la belleza en donde no existe. No puede vivir sin cable y sin interned. Mide su quincena en zapatos y gasta lo que no tiene. Muchos la definen como un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer. Asshhh, sólo porque expresa sus calenturas. Adicta al chocolate y los zafarranchos en el centro de la ciudad, su lugar de exploración.