Como ya es viernes y el cuerpo comienza a moverse a ritmo del son le dejo un descubrimiento sabrosón. Nectar café tiene sabooooorrr.
Dentro de la escala evolutiva urbana en el DF el peatón siempre lleva las de perder. De pronto pensé que era jalogüín o algún flashmob del que no me enteré pero luego al ver la edad de las calacas y que estaban pasando lista supuse que era una de esas obras sociales con las cuales les toca desquitar el apoyo que les dan. Lo malo es que las marimbas o líneas peatonales solo están bien pintaditas en el centro y Reforma fuera de ahí es la ley de la selva. Muchas veces he fantasiado con brincar encima de los cofres de los coches que no respetan las señales y bailar el jarabe tapatío. Hace poco mi hermana me contó que en el metro existe una brigada juvenil llamada la ola naranja cuya tarea es educar a los usuarios para que se hagan a un lado porque hay gente que tenemos prisa todo el tiempo. Así que si los ve dedíqueles una sonrisa y respete las señales chingau.
Siempre que veo la puertas de cantina me dan ganas de aventarlas y exclamar ¡Ya llegué! para luego escuchar una sonora rechifla como recompensa. Sábado en la tarde mientras en la rockola suenan los Fabulosos Cadillacs el ambiente de camaradería invade el lugar. La Malquerida, expendio de pulques finos traídos de la hermana república de Tlaxcala en pleno eje vial en la colonia Santa María tiene toda la onda. Aunque antes ya había mencionado que los pulques y yo nos hemos hecho el feo y ante la insistencia de probar el curado de piñón no puede más que verlo con buenos ojos. Servido en un vasito de esos como de licuado con una espolvoreada de canela pasó la aduana de la garganta y llegar al estómago como seda china. ¡Oh sorpresa! Estaba de-li-cio-so. Mientras que el encargado con su amabilidad y sonrisa me ofrecía un apetitoso taco de chicharrón en salsa verde que estaba a la vista en el gran molcajete para los hambrientos y curiosos. La botana que le llaman. No entiendo porqué fue que le pusieron la Malquerida si tiene todo para amarla hasta la última gota.


El fenómeno del arrinconamiento siempre me ha llamado la atención especialemente porque me hace pensar que dentro de cada mexicano hay un Pedro Infante y/o Jorge Negrete. Esos que se emborrachan y hablan a deshoras para decirle a una que la quieren, la extrañan y que quieren todo contigo pero cuando el sol sale y la cruda les pasa la factura padecen de Alzheimer. Han olvidado por completo que juraron amor eterno incluso habían hecho los trámites para bajarte el sol, la luna y las estrellas, es más, el universo completo con hoyos negros y extraterrestres. Tantas películas de mujeres rejegas a las que hay que llevar serenata, flores, rogar y perseguir hasta que acepten un besito han dejado secuelas en el imaginario colectivo. Es un momento de intimidad compartida, un instante en el que te ponen contra la pared/reja para robarte el ósculo sin que te escapes ¿o porqué otra cosa se arrincona y se pone una sonrisa idiota? En serio ¿por qué lo hacen?
El barrio siempre ha tenido una vibra extraña especialmente cuando las criaturas de la noche se apoderan del territorio. Los sentidos se agudizan y los letreros de los hoteles de paso resplandecen. Un colchón sucio cubierto con objetos personales y un ligero aroma a orina colinda con la entrada del museo. Será que los artistas conceptuales han rebasado los límites de la definición sobre la pregunta de qué es arte. Una noche fría patrocinada por un viento que levanta polvo y la cabellera de una chica en micro shorts con tacones que se contonea en la oscura calle con el pecho al aire ligeramente cubierto con un brasier negro de puntitos blancos. Es como si el brasier necesitara oxígeno ante semejantes generosas protuberancias frontales.
Las rejas del museo se convertían en el escaparate de los desastres naturales impresos en fotografías de gran formato que intensificaban la sensación de frío. La fila para entrar al museo era larga sin embargo pasada la frontera entre la calle y el recinto de cultura te hacía sentirte protegido. La convocatoria había sido enorme y la gente comenzaba a entrar poco a poco y aglutinarse en los estrechos pasillos del museo para ver los carteles homenaje a Café Tacvba. Ante la imposibilidad de ver a través del muro de cabezas decidí mitigar el frío con otra exposición en lo que despejaban el área. Cuadros con cierto aire de nostalgia y hasta evocadores aunque con la ligera sospecha de que el artista desenfocó a Monet. Si me regalaran un cuadro igual lo pongo en la sala.
El frío se intensificaba conforme continuaba el recorrido puedo atribuirlo a altura del lugar o ante la falta de una propuesta que me calentara el espíritu. Una pieza con hules negros como bolsas de basura colgadas además de un cubo grande compuesto por pedazos de madera aglutinados me hacía pensar en el desperdicio inútil de recursos, admitiendo en el fondo que el formato lo es todo. La sala de los carteles seguía atestada y decidí recorrer una sala más esperando ser sorprendida.
La luz que se reflejaba en un espejo captó mi atención y el sonido de los perros ladrando intensificaba el malestar. Sí, probablemente la artista tenía problemas con los amigos caninos sin embargo un ser alado iluminado me hizo pensar en que realmente estaba perturbada. Un sentimiento visceral se apoderó de mí. Comenzaba a olvidarme del frío para enfocarme en otras sensaciones un poco más estomacales. Desde el balcón el tapiz de cabezas me disuadió una vez más de insertarme en la masa así que decidí continuar al siguiente piso.
Fauna. Un muro gigante color amarillo daba una introducción a lo que estaba a punto de presenciar. Localicé un nombre, Joan Fontcuberta, y me salté la lectura para saber lo que estaba detrás del muro. ¡Buamp! Duro y directo a las córneas. Animales disecados, esperpentos en formol y escarabajos clavados. Había entrado en un lugar que sinequivocarme me iba a quitar el frío. Un caballo con alas, una serpiente peluda en el lago, un cocodrilo que hecha fuego y cosas realmente inverosímiles captadas por una cámara. Criaturas de la imaginación y leyendas impresas en papel fotográfico. Un registro de especies no catalogadas con lo que Darwin o no estaba conforme o había decidido omitir a proposito. Una cosa alucinante sin enervante. ¿Es que realmente existió el unicornio y el centauro?¿el photoshop existe desde hace miles de años y no nos lo habían dicho? El morbo hacía que lograra acercarme a las vitrinas esperando no regurgitar.
Estupefacta, maravillada e incrédula. Así podría haber descrito mi emoción al ver unas cajitas diminutas cuya ficha anunciaba “pulgas vestidas”. Esperpentos animales y criaturas celestiales. La incredulidad había llegado al escepticismo. Saturada de información y fascinación decidí concluir la visita con la tan esperada inauguración de los carteles. Para mi sorpresa no fue lo que yo esperaba. Abuso de herramientas digitales y demasiados “homenajes” a lo ya muy visto en versión estudiantil sin embargo la ida al museo del Chopo alimentó y quitó el frío a mi imaginación.
¿Qué hace ese corazón tan grandote en la entrada de una cochera, tan rojo, tan grande, tan inmaculado? En dónde estoy? Me morí y es la entrada a Loversville? Mucho menos ostentosa y más discreta es la entrada a la librería Bodet en la colonia Santa María la Ribera. Quién diría que después de cruzar un eje vial y sortear unas cuantas minas de perro llegaras a este lugar, un remanso de tranquilidad y buen gusto tanto en decoración como en selección de literatura. Desde que entras te sientes a tus anchas como si estuvieras en casa de un amigo disfrutando de las novedades de su último viaje alrededor del mundo mientras te dispones a disfrutar un café. Desde las libretas Paris-Londres-NY hasta los sellitos de flora y fauna pasando por los calendarios y la buena selección en libros de sexo todo parece puesto para perderse horas. De pronto unas caras familiares te sonríen ¡Hola Marilyn! ¿Qué tal te ha ido Che Guevara? ¿Qué dice mi Keith Richards? Aunque es pequeña pero apapachadora cuenta con un recién inaugurado espacio para el intercambio de ideas, la Sala de Lectura Arturo Azuela Arriaga. Tertulias, cursos y talleres, presentaciones de libros y expos como la que este jueves inauguran Todavía viven, Patinetas recicladas intervenidas por artistas y diseñadores. Cuando le pregunto a Bernardo Plasencia, el encargado de la librería, qué hace ese corazón en la puerta del garage me dice que lo ha puesto con motivo de San Valentín pero que considera dejarlo más tiempo además de que ya lleva dos semanas intacto. ¿Será que en verdad el amor todo lo puede? Vayan este jueves, échense un cafecito y tómense una foto antes de que caiga en las garras de los grafiteros.
Para la mayoría Whitney Houston será recordada por su gran voz y la película que la hizo famosa cuyo soundtrack rompió todos los récords de venta de la época sin embargo en Francia la recuerdan de un modo mucho más especial. Whitney fue invitada al programa Champs Elysées que conducía Michael Drucker. Al término de su actuación le presentaron al Serge Gainsbourg, en un visible estado de ebriedad y galantería, la recibió con un beso en la mano. Después de balbusear un par de palabras entre fránces e inglés le dedicó un par de elogios. Sergei le dijo a Drucker que él no era Reagan ni el otro Gorbachov así que fue directo al grano y le dijo en un perfecto y articulado inglés I want to fuck her. Whitney inmediatamente peló los ojos aflojó la quijada ante la fresca proposición contestando con un elocuente WHAT? Michael Drucker tratando de arreglar la situación le dijo que lo que el quería decir es que Sergei dice que eres genial y para que no hubiera duda Sergei, sin reculo dijo ahora en francés lo mismo que dijo en inglés. Así nomás. Mientras Gainsbourg le arrimaba la mano a Whitney que ya no sabía donde meterse. Después Drucker trató de componer la situación y mejor le ofreció un cigarrito, para ocupara su boca en otra cosa y no en decir tonterías. Descanse en paz Whitney Houston.
Me quedé embobada viendo la trayectoria de una bolsa de plástico que alegremente hacía piruetas suspendida en el aire caprichoso que la levantaba, giraba y luego atoraba en los cables, de los cuáles muy hábilmente se pudo zafar hasta acabar enredada en las ramas de un árbol quién sabe por cuánto tiempo. De inmediato pensé en American Beauty y su hermosísima escena de una bolsa que también sufre los intempesivos cambios de temperamento del elemento aire sin embargo en un edificio más adelante una cortina me atrapó. El movimiento tan voluble de la tela lo convertía en una danza de exótica cosa que me hizo recordar Fotografiar el viento del escritor Alberto Ruy. Lo que más me gusta ver cuando el viento hace de las suyas son las sacudidas que le da a la ropa en los tendederos.
Cuando vivía en el centro muy temprano en la mañana me tocaba ver llegar al camión que surte los bloques de hielo y dejarlos en los costados de la Alameda central. Me parecía de lo más surreal ver un bloque de hielo a mitad del paso dejando un charquito de agua. Era de suponer que semejantes bloques eran encargados por los ambulantes de dicho perímetro que al final del día quedarían reducidos a la nada. Y la historia se repetiría.
Hay otro fenómeno matutino que todavía es más asombroso y a la vez perturbador, la bolsa de teleras en los puestos de lámina. Así, como si nada, frente a los peatones y demás depredadores (perros y gandallas) bolsas esperando a que el propietario venga y las meta a su changarrito para cumplir el cometido de alimentar a la banda. Sí, me llama la atención porque a pesar de ser presa fácil de los vándalos están a la vista y muy a la mano por si alguien quisiera hacer una maldad pero no, se quedan suspendidas sin que nadie siquiera les haga un agujerito. Enigmas de chilangolandia.
Güerotix
Paradise City
Amante de la vida cotidiana, apasionada del arte en sus múltiples formas, exploradora de nuevas formas de vida. Rumbera de clóset.